PROYECTO PRINCIPAL

LOS TIEMPOS DEL TELEGRAFO

 

 

Los comienzos de la telegrafía                                                                                       1

 

 

La electricidad

 

La etapa más reciente de las comunicaciones se inició con la invención de la telegrafía eléctrica en el siglo pasado. Su repercusión fue enorme tanto en el orden social como en el tecnológico. El telégrafo eléctrico fue el primer medio de comunicación que permitió que la velocidad de un mensaje superara a la del cuerpo humano. Rompió la conexión histórica entre transporte y comunicación. Antes de él todos los mensajes, incluyendo los expresados mediante la escritura, sólo podían moverse tan rápidamente como fuera transportado su soporte material. El telégrafo eliminó el tiempo y el espacio como dimensiones determinantes de la comunicación humana y nos llevó a un mundo de simultaneidad e instantaneidad que fue más allá de la experiencia habitual. La telegrafía fue la base de las telecomunicaciones planetarias y también una fuerza impulsora para el estudio y el conocimiento de la electricidad en sus albores. El gran desarrollo de ésta a mediados del siglo pasado se debió en gran parte a la necesidad de aplicarla a la telegrafía, algo similar a lo que ocurrió años más tarde con la electrónica en relación con la radio.

 

 

El telégrafo óptico y las palomas mensajeras

 

Los primeros antecedentes del telégrafo se remontan, sin embargo, a mucho tiempo atrás, bajo distintas formas rudimentarias de transmisión de mensajes. Ya en 1664 Robert Hooke (1635-1703), primer teórico de la elasticidad, describió un dispositivo de transmisión de señales por medio de un semáforo, titulando de manera peculiar su comunicación así: “medio de dar a conocer el pensamiento a gran distancia”. Esta frase se repite cuando se inicia más adelante el telégrafo eléctrico, y también se utiliza en la Argentina al comentarse la inauguración de la transmisión de mensajes a Europa desde Buenos Aires vía cable transatlántico.

 

La utilización del telégrafo óptico, introducido en Francia por Claude Chappe en 1793, se extendió aproximadamente por medio siglo, conformando las primeras redes de comunicaciones, principalmente en Francia, Inglaterra, España, Suecia y Prusia.

 

Hace 200 años, cuando el telégrafo óptico transmitía un mensaje según la forma que mostraban sus brazos, cualquiera que conociese el código utilizado podía leer la señal: sólo bastaba con elevar la mirada. Cuando entonces los niños desarmaban objetos como relojes antiguos o juguetes a cuerda, aprendían a pensar en partes e interconexiones: en síntesis, aprendían a ver el mundo a través de una cosmovisión basada en la mecánica, a ver un mundo formado por resortes, ruedas y palancas. Ya no sucede así. Cuando hoy día los niños contemplan el interior de un artefacto electrónico, no encuentran mecanismos a través de los cuales explicar su funcionamiento. Del mismo modo, los brazos del telégrafo óptico han sido sustituidos por mensajes invisibles transmitidos por antenas inmóviles.

 

En ese tiempo, las redes de semáforos eran monopolizadas por los gobiernos de los respectivos países y fueron usados sólo de manera restringida para negocios. Alejandro Dumas cuenta en su novela El Conde de Montecristo cómo el Conde provoca la quiebra de uno de sus rivales, operador de bolsa, sobornando a un encargado del telégrafo para que transmita un mensaje falso.

 

Los negocios privados recurrían al auxilio de otra tecnología: las palomas mensajeras, que sólo se dejaron de usar más tarde cuando las desplazó el telégrafo eléctrico. En particular, las palomas eran el medio preferido de las agencias de noticias. Las agencias Garnier y Havas las empleaban para llevar mensajes entre París, Bruselas y ciudades interiores de Francia. Con ellas, Charles Louis Havas difundía las noticias que aparecían en los matutinos de Bruselas, en diarios de París del mediodía y diarios de Londres de la tarde. Werner Siemens cuenta en su amena autobiografía que durante el tendido a su cargo de una línea telegráfica entre Colonia y Bruselas, en 1849, conoció al contratista de los correos por palomas mensajeras entre esas dos ciudades, cuyo útil y productivo negocio quedaría destruido por la instalación de la línea telegráfica. Ante las quejas de la esposa del contratista, Siemens le aconsejó al matrimonio fundar en Londres una agencia telegráfica de transmisión de despachos. Los Reuter -así se llamaba aquel matrimonio- fundaron entonces la Agencia Reuter, una de las más importantes de la actualidad.

 

 

El telégrafo eléctrico

 

En 1800, mientras un esclavo llamado Gabriel lidera un levantamiento en Richmond, Virginia, el físico italiano Allesandro Volta (1745-1827) inventa la pila eléctrica. Napoléon le confiere el título de conde por sus inventos y la comunidad científica adopta posteriormente, en su honor, el nombre volt como la unidad de potencial eléctrico. En las colonias españolas del Río de la Plata se gestaba lentamente la idea de la emancipación y se avecinaban las Invasiones Inglesas. Esos años son prolíficos en inventos y descubrimientos cientificos y tecnológicos en todo el mundo. En 1801, Robert Fulton (1765-1815) construye barcos propulsados por medio del vapor y presenta en sociedad al submarino Nautilus, y algunos años más tarde, Jean Batiste Lamarck (1744-1829) publica sus teorías sobre la evolución. Por esa época, también, Ludwig van Beethoven (1770-1827) compone sus famosas sinfonías.

 

Las primeras décadas del siglo XIX vieron nacer distintos tipos de telégrafos eléctricos. En 1809, en Munich, Samuel Soemmering, cirujano alemán, sugirió que se pusieran diversos electrodos en agua acidificada, cada uno de ellos marcado con una letra o un número, y cada uno en contacto con hilos que pudieran conectarse a una batería en la estación emisora. De este modo se desprendía gas del electrodo correspondiente a la letra transmitida, pero era un sistema irremediablemente lento y complicado.

 

Más tarde, en 1816, Sir Francis Ronald (1788-1873) redujo el número de hilos a dos y montó un sistema completo en los terrenos de su casa de Hammersmith, barrio suburbano de Londres a orillas del Támesis. El Almirantazgo descartó este sistema telegráfico que transmitía eléctricamente las letras del alfabeto, aduciendo que “los telégrafos, cualquiera que sea el tipo a que pertenezcan, son por el momento innecesarios y no se adoptará ninguno que no sea el actualmente en uso”, refiriéndose al sistema de telegrafía óptica promovido en Inglaterra, en 1794, por Lord George Murray (1761-1803) y que operaba en Londres, Plymouth, Portsmouth y otras ciudades. Paradójicamente, el secretario del Almirantazgo que rechazó su propuesta escribió mucho más tarde el artículo sobre telegrafía de la Encyclopedia Britannica. La casa de Francis Ronald, que aún existe en las riberas del Támesis, fue habitada más tarde por William Morris (1834-1896), abanderado de un romántico renacimiento de la cultura de la Edad Media.

 

El desarrollo efectivo del telégrafo eléctrico en Inglaterra fue impulsado por Charles Wheatstone (1802-1875), profesor de Física del King’s College de Londres, y William. F. Cooke (1806-1879), que había presenciado en 1835 una demostración de telegrafía eléctrica de Paul L. Schilling en Bonn. Wheastone y Cooke obtuvieron juntos una patente en junio de 1837 y, durante el mismo año, conectaron telegráficamente estaciones de ferrocarril de Londres. El nuevo medio contribuyó a asegurar la marcha regular de los trenes y la estandardización de la hora. La Reina Victoria confirió a ambos el título de caballeros. El telégrafo de agujas, como se lo llamó entonces, se basaba en el descubrimiento, realizado en 1819 por el físico danés Hans Christian Oersted (1777-1851), de que una corriente eléctrica movía una aguja magnetizada adyacente.

 

En 1838, Sir William Brooke O’Shaughnessy, médico del ejército inglés y profesor de Química en el Calcutta Medical College, dispuso un alambre de 22 km de largo sobre postes de bambú. También instaló 3 km de alambre aislado bajo el río Hooghly, brazo del Ganges. Este fue el primer cable submarino de comunicaciones.

 

 

Samuel F. B. Morse

 

Samuel Finley Breese Morse (Charlestown, Mass., 27 de abril de 1791- New York, 2 de abril de 1872) fue un pintor reconocido en su tiempo, y uno de los primeros fotógrafos de los Estados Unidos, luego de haber conocido a L. J. M. Daguerre (1787-1851) en París. En 1824 organizó en New York la sociedad que dio origen a la Academy of Design, de la que fue presidente durante 16 años a partir de 1826. En la Casa Blanca se encuentra el retrato que pintara del presidente estadounidense James Monroe (1758-1831). En 1825, mientras Morse estaba en Washington trabajando en un retrato del General Marie Joseph Lafayette (1757-1833) -que actualmente se exhibe en el City Hall de New York-, su esposa falleció en New Haven, Connecticut. La noticia de su muerte tardó siete días en llegarle. Se dice que en esas circunstancias de angustia y pena, Morse comenzó a analizar la posibilidad de derribar las barreras de espacio y tiempo.

 

En un viaje en barco de regreso de Europa, un vecino de Boston, Charles Thomas Jackson, le habría contado a Morse acerca del descubrimiento de Oersted sobre el electromagnetismo, así como de las experiencias de William Sturgeon quien, en 1825, había armado un electroimán consistente en una pieza de hierro con un arrollamiento de hilos conductores, el cual, cuando circulaba una corriente eléctrica, atraía a otro trozo de hierro. Morse razonó así: “If this be so and the presence of electricity can be made visible in any desired part of the circuit, I see no reason why intelligence might not be instantaneously transmitted by electricity to any distance” (“Si esto es así y la presencia de electricidad puede hacerse visible en cualquier parte de un circuito, no veo razón alguna por la cual la inteligencia no pueda ser transmitida instantáneamente por medio de la electricidad a cualquier distancia”). La leyenda cuenta que al desembarcar del barco, Morse le dijo al capitán: “Should you hear of the telegraph one of these days, as the wonder of the world, remember the discovery was made on this good ship Sully” (“Si algún día oye acerca del telégrafo como la maravilla del mundo, recuerde de que el descubrimiento fue hecho en este buen barco Sully”). Entre 1832 y 1836, Morse desarrolló en los Estados Unidos el telégrafo eléctrico. Jackson se quejó siempre de que Morse había trasladado sus ideas al desarrollo del telégrafo sin darle el crédito correspondiente, aunque es dable señalar que Jackson murió en 1880 en un asilo para enfermos mentales donde estuvo internado desde 1873, y que su vida se caracterizó por permanentes litigios. También disputó a William Morton, un cirujano dentista que en 1846 había utilizado por primera vez éter para extraer la muela de un paciente, el mérito del descubrimiento de la aplicación de ese gas como anestesia.

 

Morse fue ayudado también en la puesta a punto del aparato telegráfico por Joseph Henry, cuyo nombre designa a la unidad eléctrica de la inductancia, y por Alfred Vail, tío segundo de Theodore N. Vail, quien más tarde fundaría con Bell la primera y más grande compañía telefónica.

 

Alfred L. Vail (1807-1859) jugó un papel principal en el desarrollo del manipulador telegráfico -genial por su simplicidad, y como tal, ejemplo sobresaliente para los inventores de todos los tiempos- y del código que lleva el nombre de Morse. En él se emplean dos señales eléctricas básicas: un impulso corto (un “punto”) y otro largo (una “raya”), y cada letra del alfabeto se representa por una combinación de “puntos” y “rayas”, separados por períodos cortos. Por ejemplo, la letra S se individualiza por tres puntos: . . . y la O, por tres rayas: _ _ _ . De esa manera, el mensaje: . . .  _ _ _  . . . , representaría SOS, que según algunos son las iniciales de la conocida petición de auxilio Save Our Souls.

 

F. O. J. Smith, representante del estado de Maine, fue uno de los más ardientes defensores de las ideas de Morse; así escribía sobre la novedad en el House Report 753, 25th Congress, 2d Session: “The influence of this invention over the political, commercial, and social relations of the people of this widely-extended country … will … of itself amount to a revolution unsurpassed in moral grandeur by any discovery that has been made in the arts and sciences.” (“La influencia de este invento en las relaciones políticas, comerciales y sociales de la gente de este amplio y extendido país, producirá una revolución no sobrepasada en grandeza moral por ningún otro descubrimiento realizado en las artes y las ciencias”). Cabe aquí consignar que Morse -que indudablemente supo conducir exitosamente sus negocios- había asociado a Smith en su empresa y que Smith era nada menos que el presidente de la Comisión de Comercio del Congreso estadounidense de la época.

 

El 24 de mayo de 1844, Morse inauguró una línea telegráfica pública tendida con el respaldo débil del Congreso -89 votos a favor y 83 en contra- entre Washington y Baltimore. El mensaje inaugural fue elegido por Annie Ellsworth del IV libro de la Biblia, Números, 23:23: “What Hath God Wrought!” (“¡Lo que ha hecho Dios!”). El periódico New York Tribune anunció la noticia tres días después con el siguiente título: “El telégrafo magnético: su éxito.” Y así seguía: “El milagro de la aniquilación del espacio se ha alcanzado finalmente.”

 

La línea fue administrada por el Post Office Department hasta el 1º de diciembre de 1846, fecha en que pasó a manos privadas, circunstancia que no se dio en otros países donde las telecomunicaciones nacionales fueron mantenidas dentro de la órbita estatal. Ya en 1845 se había formado en los Estados Unidos una compañía privada, la Magnetic Telegraph Co., para extender a New York la línea Washington-Baltimore. En Europa, la sigla PTT, Post-Telegraph-Telephone, ha designado por muchos años la organización gubernamental -en general monopólica- responsable en cada país de operar tanto el sistema postal, como el telegráfico y el telefónico. Los nuevos vientos de desregulación, liberalización y privatización están convirtiendo a las PTT en signos del pasado.

 

En 1848, se fundó la Associated Press. Un enlace telegráfico entre New York y San Francisco se realizó hacia 1860. Abraham Lincoln (1809-1865, P. Republicano, 1861-1865) fue el primer presidente estadounidense comunicado (the first “wired” president) con sus generales en el frente de batalla durante la Guerra Civil (1861-1865). En 1865, Hiram Sibley unificó en la Western Union Telegraph Company los numerosos emprendimientos existentes. En 1866, la Western Union ya poseía 2250 oficinas de emisión y recepción y 120.000 km de líneas de transmisión.

 

 

Entre la euforia y la duda

 

Los puntos de vista de la gente sobre las -en aquel momento- nuevas tecnologías de la información eran disímiles. Entre los escritores de la época, Nathaniel Hawthorne (1804-1864) se refería al desarrollo del telégrafo en términos entusiastas: “By means of electricity, the world of matter has become a great nerve, vibrating thousands of miles in a breathless point of time. … The round globe is a vast … brain, instinct with intelligence!” (“Por medio de la electricidad, el mundo de la materia se ha convertido en un gran nervio, vibrando a lo largo de miles de millas en un instante efímero de tiempo. … ¡El globo terráqueo es un enorme … cerebro, imbuido de inteligencia!”).

 

En cambio, Henry David Thoreau (1817-1862) en su libro de 1854 Walden or Life in the Woods (Walden o La vida en los bosques), que relata sus experiencias vividas a orillas del Lago Walden, Concord, desde julio de 1845 a septiembre de 1847, escribía: “We are in great haste to construct a magnetic telegraph from Maine to Texas; but Maine and Texas, it may be, have nothing important to communicate. … We are eager to tunnel under the Atlantic and bring the Old World some weeks to the New; but perchance the first news that will leak through the broad, flapping American ear will be that the Princess Adelaide has the whooping cough.” (“Nos damos mucha prisa para construir un telégrafo entre Maine y Texas; pero Maine y Texas, tal vez, no tienen nada importante que decirse. … Estamos anhelando hacer un camino debajo del Atlántico para acercar en unas semanas el viejo mundo al nuevo; pero quizás una de las primeras noticias que lleguen al amplio y agitado oído americano, será que la princesa Adelaida tiene tos convulsa”). Ralph Waldo Emerson (1803-1882) dijo de Thoreau: “He chose to be rich making his wantings few” (“Eligió ser rico disminuyendo el número de sus necesidades”).

 

Emerson unía un prudente entusiasmo por el progreso tecnológico con una inclinación romántica por el paisaje natural. Leo Marx en su esmerado libro The Machine in the Garden acerca de la tecnología y la valoración de la naturaleza en los Estados Unidos, escribe: “Like Thomas Jefferson, Emerson is confident that under native conditions science and technology can be made to serve a rural ideal” (“Al igual que Thomas Jefferson, Emerson confía que bajo condiciones nativas, la ciencia y la tecnología pueden ponerse al servicio de un ideal rural”).

 

En nuestro medio, cuando el 5 de agosto de 1874 el Presidente Sarmiento inauguró las comunicaciones a través del cable telegráfico transatlántico, el diario La Nación del mismo día, publicaba el comentario siguiente: “Gran fiesta Nacional. Llenos de júbilo anunciamos al pueblo argentino que hasta el último de los villorrios de la República se halla desde hoy al habla con todos los países del mundo civilizado. El telégrafo Interoceánico que une desde ayer á la República Argentina con el Brasil, con la Europa, con la América Septentrional, con el Asia, con el Africa y con la Oceanía, será solemnemente inaugurado hoy, á las 2 de la tarde, en los salones de la casa de Gobierno de la Nación. Esta parte de la América era el único de los extremos del mundo á donde el telégrafo no había aún llegado: la República Argentina, la Oriental y la de Chile se hallan, desde tiempo hace, unidas entre si por el hilo eléctrico, y de hoy en adelante, las pulsaciones del pensamiento humano podrán repercutir, casi simultáneamente, en todas las naciones de la tierra. ¡Gloria al progreso y á la civilización de nuestro siglo!”.

 

Los primeros cables submarinos                                                                                   2

 

 

Salvando los mares

 

Hoy día, cada vez más las telecomunicaciones reemplazan de manera total o parcial la movilidad física de las personas. Textos escritos u orales, sonidos de voces o de música, imágenes fotográficas o de video circulan constantemente entre ciudades, países y continentes, provenientes directamente de personas, de instrumentos variados o de memorias de computadoras, a través de líneas de transmisión de alta velocidad y capacidad. Los cables submarinos tendidos en el fondo del mar contribuyeron a vincular a la sociedad toda en escala planetaria: fueron la primera tecnología que permitió en el pasado las comunicaciones transoceánicas y han adquirido nuevamente en la actualidad una revalorización de su importancia por el advenimiento de la tecnología de la fibra óptica.

 

Al promediar el siglo pasado, los hilos del telégrafo se extendían rápidamente por los Estados Unidos, Inglaterra y el Continente Europeo. Sólo se detenían frente a los mares.

 

 

El cruce del Canal de la Mancha

 

Ya en 1840 Wheatstone había propuesto construir un cable submarino bajo el Canal de la Mancha. El primer cable fue tendido en 1850 entre Cape Southerland (Dover) y Cap Gris-Nez (Calais), por John Watkins Brett (un anticuario retirado) y su hermano Jacob (un joven ingeniero), quienes utilizaron un pequeño remolcador de vapor llamado Goliath, acompañado por el Widgeon, un buque de la Marina Real de ruedas de paletas en sus costados, que realizaba los sondeos y calculaba la ubicación. Un recorrido similar al del cable de los hermanos Brett sigue el moderno túnel ferroviario que desde 1994 une ambas márgenes.

 

El tendido de cables submarinos constituyó y constituye una gran proeza. Los cables deben ser desenrollados de forma tal que se adecúen al relieve submarino y sin sufrir una tensión excesiva por la velocidad de los buques que los tienden; de otra manera, se cortan. En las cercanías de las costas se los entierra, para que no puedan ser dañados por las anclas de los barcos o las redes de los pescadores.

 

John W. Brett observaba el desarrollo del tendido con un telescopio desde la Dover Pilot Tower, mientras que Jacob Brett estaba a bordo. Para trasladar el cable, se utilizó un tambor de eje horizontal de siete pies de diámetro y quince pies de longitud; posteriormente, los cables se colocaron siempre en las bodegas de los barcos en espiras que se superponían en varias capas sucesivas denominadas adujas (aduja -coil-: cada una de las vueltas o roscas circulares u oblongas de cualquier cabo que se recoge en tal forma; adujar -to coil a cable-: recoger en adujas un cabo, cadena, etc.).

 

Los Brett habían obtenido, pese a una fuerte oposición, una concesión por diez años de los gobiernos de ambos países para el tendido del cable entre Francia e Inglaterra, que vencía el 1º de septiembre de 1850. La revolución de 1848 en Francia había desalojado a Louis Philippe y establecido la Segunda República. Después de algunos meses de crisis económicas y sociales, fue elegido presidente Louis Napoléon Bonaparte, Napoléon III de Francia, quien transformó la Segunda República en el Segundo Imperio en 1852. Mientras tanto, en el Hyde Park de Londres, se construía el imponente hito arquitectónico de la época, el Palacio de Cristal, con piezas prefabricadas de fundición de hierro y vidrio, para albergar la Gran Exhibición Internacional de 1851.

 

El aislante que se usó en este primer cable fue la gutapercha, una goma que se extraía de un árbol -Palaquium- de las selvas del Archipiélago Malayo situado entre Asia y Oceanía. Fue llevada por primera vez a Inglaterra desde Singapur en 1843 por William Montgomerie, médico que comenzó a utilizarla para fabricar instrumentos de cirugía. Es de destacar que Singapur, que contribuyó con la gutapercha al inicio de la era de las telecomunicaciones, es en el presente uno de los pocos países que ya cuenta con una moderna red ISDN a nivel nacional. El recubrimiento de gutapercha fue usado continuamente durante 80 años en todos los emprendimientos submarinos y sólo fue reemplazado en 1933 por otro material aislante -no reciclable-, el polietileno, descubierto por científicos de la Imperial Chemical Industries.

 

Los Brett lograron su cometido el 28 de agosto de 1850 utilizando un cable de cobre aislado con gutapercha y sin protección alguna, fabricado por la Gutta Percha Company. Esta compañía había sido constituida en 1843 y se dedicaba a la fabricación de conductores eléctricos cubiertos con gutapercha. La concreción de este primer vínculo internacional a través del Canal fue aclamado -tal vez ingenuamente, al igual que muchas declaraciones que se pronuncian en inauguraciones similares- como un triunfo para la paz.

 

El cable, luego de entrar en servicio, fue cortado a los pocos días por un pescador curioso e inoportuno. Poco después, Thomas Crampton, un ingeniero de ferrocarriles, suscribió la mitad de las 15.000 libras necesarias para un nuevo proyecto, encarado ahora por la Submarine Telegraph Company. El gobierno inglés ayudó proporcionando barcos; en el tendido intervinieron el Blazer, el Fearless, el Red Rover y el Widgeon. La conexión se completó el 25 de septiembre de 1851. La nueva línea, armada con alambres de hierro, fue tendida por Newall y Gordon. Funcionó por mucho tiempo y fue el punto de partida de la telegrafía submarina que con gran rapidez habría de convertirse en uno de los medios de comunicación más vitales del mundo.

 

 

El tendido en el Mar Mediterráneo

 

En la década del cincuenta el desarrollo fue notable. Desde Inglaterra fueron tendidos cables en todas las direcciones: en 1852 fue colocado un cable submarino bajo el mar de Irlanda, entre Dublin, Irlanda y Port Patrick, Wigtownshire, Escocia, por la English and Irish Magnetic Telegraph Company. Enseguida, en 1853, se completó la conexión de Inglaterra con Ostende, en Bélgica, y luego con Dinamarca y Holanda. Ceilán (Sri Lanka) fue unida con la India, y Tasmania con Australia.

 

El tendido de cables en el Mediterráneo de aguas profundas fue también una empresa ardua. El primer cable se concretó en 1854, entre Córcega y Cerdeña. A continuación, en 1857, se realizó un trecho más largo, entre Córcega y la costa italiana. A principios de la década de 1860, se tendieron cables telegráficos entre Mallorca, Menorca e Ibiza, y desde Barcelona a Menorca.

 

John W. Brett, por encargo de la Mediterranean Extension Telegraph Company, y con barcos suministrados por el gobierno francés, intentó en septiembre de 1855 tender un cable pesado de cuatro conductores entre Cagliari, isla de Cerdeña, y la ciudad de Bona (Annaba), Argelia, a la mayor profundidad intentada hasta entonces.

 

El cable se deslizó demasiado rápido al fondo cuando entró en mar profundo al fallar los mecanismos de freno. En 1856 fracasó otro intento; debido a errores de navegación, el cable no pudo llegar hasta la costa africana. Un tercer intento también falló.

 

 

Werner Siemens

 

Se hizo cargo entonces la firma Newall & Co. (Newall y Gordon), que contrató con Werner Siemens (1816-1892) las instalaciones eléctricas y la realización de las comprobaciones técnicas antes y después de la colocación del cable. Partieron de Bona hacia Cerdeña. Al entrar en zonas profundas, la fuerza del freno no fue suficiente y se tendió más cable de lo previsto. Newall pidió entonces a Werner Siemens que se hiciera cargo de toda la operación. Siemens, quien había expuesto sus ideas ante Newall, ante científicos italianos y técnicos del Telégrafo Francés -que había encargado el tendido del cable-, hizo cargar el freno con todos los pesos que encontró a bordo y finalmente tuvo éxito.

 

En sus memorias, Werner Siemens afirma: “Debe observarse y regularse permanentemente la fuerza de frenado en relación con la profundidad del mar y la velocidad del buque, pues de lo contrario se corre el peligro de emplear más cable del necesario, o de someterlo a una tensión que puede ocasionar su ruptura. Además se debe realizar continuamente la medición de las propiedades eléctricas, para así descubrir inmediatamente cualquier defecto.” Y más adelante explica Siemens: “el cable debe poder sujetarse a bordo por medio de un freno especial, con una fuerza correspondiente al peso en el agua de un trozo de cable que llegase perpendicularmente hasta el fondo del mar. Al ir sumergiéndose, el cable se inclina con un ángulo que depende de la velocidad del barco. Si la parte sumergida del cable no está equilibrada por la fuerza del freno, se requiere cable de más para cubrir la longitud del lecho bajo el mar. Si el cable es en cambio retenido con demasiada fuerza sin permitir movimiento o huelgo alguno, corre peligro de romperse dado el gran peso del cable en suspensión.”

 

Como se desprende de lo citado, el tendido de cables submarinos es una operación delicada, que debe encararse con los conocimientos y medios apropiados. Permanentemente la velocidad del buque debe relacionarse con la velocidad de tendido del cable. Cualquier tropiezo pone al cable en grave peligro, ya que no puede aminorarse la marcha del buque con la celeridad necesaria. Las corrientes variables en profundidad también afectan la tensión del cable. Los movimientos del buque provocan a su vez fuerzas adicionales si el mecanismo desenrollador no es suficientemente rápido. Werner Siemens hizo construir un sencillo dinamómetro que permitía conocer la tensión del cable en un momento dado midiendo la flecha que tomaba un tramo de cable limitado por dos rodillos bajo la acción de un rodillo intermedio cargado.

 

Siemens tuvo un papel muy importante en el desarrollo de la telegrafía eléctrica en Europa. Ya en 1846 construyó una prensa helicoidal con la cual adhería gutapercha recalentada alrededor de alambres conductores. El 12 de octubre de 1847 fundó con un socio el taller Siemens & Halske en Berlín, que ese mismo año tendió, entre Berlín y Grossbeeren, la primera línea telegráfica subterránea entre ciudades con hilos de cobre aislados con su sistema. Fundó en 1858 una subsidiaria en Inglaterra, Siemens, Halske & Co., con sede en Westminster, cuyo principal objetivo era el tendido de cables submarinos. Werner y William Siemens fueron designados asesores del gobierno británico en esta especialidad, formando parte de la Comisión Real que entre diciembre de 1859 y septiembre de 1860 elaboró el Report of the Joint Committee appointed by the Lords of the Committee of Privy Council for Trade and the Atlantic Telegraph Company, to inquire into the Construction of Submarine Telegraph Cables: together with the Minutes and Evidence and Appendix, con motivo del fracaso del primer cable transoceánico tendido en 1858.

 

Como hemos mencionado, Werner Siemens había trabajado junto con la firma inglesa Newall en el Mediterráneo. El y su hermano William (1823-1883; casado en 1859 con la hermana de Gordon de Newall & Co.) obtuvieron más adelante un contrato directo de las autoridades francesas para tender un enlace telegráfico entre Cartagena (España) y Orán (Argelia). En 1863 establecieron una fábrica de cables en Woolwich, a orillas del Támesis, pero, desafortunadamente, el tendido del cable terminó en un desastre y Johann G. Halske, el socio en Alemania de los hermanos Siemens, desistió de su participación en la subsidiaria británica. A partir de 1865, ésta pasó a llamarse Siemens Brothers.

 

El cruce del Océano Atlántico                                                                                         3

 

 

La odisea de Cyrus W. Field

 

El cruce del Atlántico representó quizás una de las mayores odiseas tecnológicas de la historia. Es muy probable que de haberse conocido de antemano las numerosas dificultades a vencer, el proyecto nunca hubiera empezado. Insumió ocho años, entre 1858 y1866, en plena época victoriana. La Reina Victoria (1819-1901), coronada en 1837 junto con su marido, el Príncipe Alberto, signaron una época que pasó a la historia por la rigidez de las costumbres y el estricto decoro que impusieron en la corte. En ese contexto, el telégrafo transatlántico fue una empresa épica de bravura y perseverancia, en la cual el estadounidense Cyrus W. Field realizó esfuerzos extraordinarios que infundieron ánimo y voluntad a todos los que participaron del proyecto.

 

Cyrus W. Field nació en Stockbridge, Mass., en 1819, y murió en 1892 en Ardsley, New York. Empresario de espíritu inquieto, luego de haber hecho fortuna en el rubro del papel, en 1853 se había prácticamente retirado a su casa de 1 Lexington Avenue, Gramercy Square, en New York, predispuesto a iniciar nuevas actividades. Era un explorador osado: entre otras aventuras había viajado al norte de Sudamérica junto con su amigo el gran paisajista Frederick E. Church (1826-1900), admirador del naturalista alemán Alexander Humboldt (1769-1859). Field y Church realizaron juntos el cruce de los Andes, cuyas bellezas -cataratas, volcanes, arcos iris, etc.- registró Church en numerosas obras.

 

En 1854, a instancias de Frederick N. Gisborne, empresario telegráfico que intentaba construir una cabecera telegráfica en Saint John’s, Newfoundland, a fin de adelantar las noticias de Europa al continente americano, Field fundó la New York, Newfoundland and London Telegraph Company. En 1856, se inauguró una línea telegráfica entre Newfoundland y New York con un cable submarino que atravesaba el golfo de Saint Lawrence.

 

Field trató sin mucho éxito de obtener financiación en los Estados Unidos para su proyecto de cruzar el Océano Atlántico con un cable, y así conoció a Morse y al mundo empresario de la telecomunicaciones que ya se iba conformando en New York. También realizó varios viajes a Inglaterra para difundir su proyecto y para conseguir los recursos necesarios. Allí se encontró con John W. Brett y Charles Tilson Bright. En 1856 constituyó la Atlantic Telegraph Company en Liverpool, de la que formaron parte, entre otros, William Thomson y John W. Brett. Los gobiernos inglés y estadounidense garantizaron conjuntamente la operación.

 

 

El físico William Thomson

 

William Thomson (Lord Kelvin), brillante físico escocés y profesor de filosofía natural de la Universidad de Glasgow, conquistó renombre mundial por sus numerosos descubrimientos en las ciencias del magnetismo, la electricidad y la termodinámica, además de jugar un papel activo en la historia de la telegrafía. Afirmó que la velocidad de transmisión de mensajes a través de un cable eléctrico decrece con el cuadrado de su longitud. Cierta vez notó como un rayo luminoso se reflejaba alrededor de su habitación cuando movía su monóculo suavemente; esta observación lo condujo a crear su famoso galvanómetro de espejo, donde la minúscula deflexión de una bobina por la que circula electricidad, es notablemente aumentada por la luz reflejada en un espejo unido a ella. Este aparato resultó esencial para medir las débiles corrientes eléctricas a lo largo de los cables submarinos.

 

William Thomson había nacido el 26 de junio de 1824, en Belfast, Irlanda; murió el 17 de diciembre de 1907 en Netherhall, Largs, y fue enterrado en la Westminster Abbey. En 1892, la Reina Victoria le concedió el título de Lord Kelvin of Largs. Fue presidente de la Royal Society; poseía un yate, el Lalla Rookh, en el que realizó diversas experiencias. Conoció a su segunda esposa en Funchal (puerto y capital de las Islas Madeira, pertenecientes a Portugal) cuando integraba una expedición para tender un cable hacia Sudamérica. En 1876 participó como jurado en la Exposición del Centenario de los Estados Unidos (United States 100th Anniversary Exhibition) en Philadelphia, donde Alexander G. Bell mostró su invento del teléfono, que recibió el beneplácito e interés por parte de Thomson al considerarlo como “la maravilla del siglo”.

 

En 1857 se puso en marcha el tendido del cable transatlántico. El gobierno inglés proporcionó el Agamemnon, un viejo vapor de 92 cañones, y el buque escoltaLeopard. El gobierno norteamericano puso a disposición de los protagonistas de la travesía oceánica la moderna fragata a vapor Niagara, de 5200 toneladas de desplazamiento, más el buque escolta Susquehanna. Los dos barcos, llevando la mitad del cable cada uno en sus bodegas -ya que era imposible transportar el cable completo en un único barco dado su tamaño y peso-, partieron de Valentia Bay, County Kerry, en el extremo sudoeste de Irlanda, donde se ubicó la estación de amarre.

 

El cable consistía de cinco conductores de cobre retorcidos y aislados por tres capas de gutapercha, recubiertas además con una capa de cáñamo armada a su vez con 18 cordones de 7 hilos de hierro cada uno. El cable resultó de unos 15 mm de diámetro y pesaba una tonelada por milla náutica (también denominada geográfica o marítima; es igual a la distancia de 1 minuto de longitud en el ecuador y equivale a 1,15 milla terrestre -statute mile- o sea 1852 metros). El núcleo fue fabricado por la Gutta Percha Company de Greenwich y la armadura, debido al escaso tiempo disponible, fue suministrada en partes iguales por Glass, Elliott & Co., también de Greenwich, y Newall & Co., de Birkenhead.

 

El plan consistía en que el Niagara debía tender su cable (1250 toneladas) navegando hacia el oeste desde Irlanda; el Agamemnon lo encontraría en la mitad del Atlántico y, luego de realizar el empalme, completaría la tarea. Se pensaba que procediendo de esta manera, el segundo buque debía aprovechar la experiencia del primero. Decíase, por otra parte, que habría gran ventaja en que uno de los extremos del cable estuviera asegurado en tierra, de tal manera que si acontecía una interrupción de las señales eléctricas se conocería en el acto de donde procedía, y, finalmente, que los directores de la empresa en Londres podrían estar permanentemente informados de las peripecias de la expedición.

 

El tendido, con William Thomson y Samuel Morse a bordo, comenzó el 6 de agosto de 1857. El cable se cortó luego de sólo 5 millas. Reanudado el tendido el 10 de agosto, se volvió a cortar a las 335 millas, debido al gran esfuerzo en una profundidad de 2000 brazas (en inglés, fathoms, medida que equivale a 6 pies, o sea 1,80 m). El proyecto se interrumpió entonces; los buques navegaron hacia el este y descargaron las 2200 millas de cable que aún tenían en Plymouth. Se lo arrolló en el muelle hasta la próxima expedición.

 

 

Exito y fracaso en 1858

 

En la primavera de 1858, la empresa se puso en marcha de nuevo, -con William Thomson y Nicholas A. Woods, corresponsal del London Times, a bordo- con los navíos Niagara y Agamemnon junto con los escoltas Gorgon y Valorous. En esta ocasión se decidió que ambos buques comenzaran en el medio del Atlántico, tendiendo el cable en direcciones opuestas. Los barcos partieron de Plymouth el 10 de junio y se encontraron, después de una gran tormenta, en medio del Atlántico el 26 de junio. Luego de la delicada operación de empalme en alta mar, el Niagara se dirigió hacia Newfoundland al oeste, mientras el Agamemnonnavegaba hacia Irlanda en el este.

 

Ya a las 6 millas de tendido, el cable del lado del Niagara se cortó; lo mismo ocurrió de nuevo a las 80 millas, lo que obligó a realizar un tercer empalme. Pero a las 255 millas el extremo del cable que tendía el Agamemnon, se cortó, por lo que ambos buques retornaron a Irlanda, mientras el intento se suspendía por segunda vez. Field y Thomson insistieron febrilmente en realizar un nuevo intento y es así como el 17 de julio de 1858, pocas semanas después del segundo fracaso, la flota partió otra vez desde Queenstown.

 

El 29 de julio de 1858, los buques se encontraron de nuevo en medio del Atlántico; como antes, con Thomson participando de la expedición.

 

El 5 de agosto de 1858, el Niagara llegó a Bay of Bull’s Arm, en la extremo de Trinity Bay, Newfoundland, una entrada de 60 millas de largo y unas 20 millas de ancho, habiendo cumplido su misión depositando 1030 millas de cable en el lecho del Atlántico. El Agamemnon arribó también exitosamente a Dowlas Bay, Valentia, habiendo depositado 1020 millas de cable y luego de haber sufrido algunos inconvenientes mecánicos y eléctricos. En total fueron 2050 millas geográficas de cable sumergido en el mar.

 

El éxito de la empresa fue festejado intensamente en todo el mundo. Un editorial del diario inglés Times dice así: “Desde el descubrimiento de Colón no ha sucedido nada comparable a esta enorme ampliación de la esfera de la actividad humana”. La Reina Victoria y el presidente estadounidense James Buchanan (1791-1868, P. Demócrata, 1857-1861) intercambiaron mensajes de saludos el 16 de agosto. La transmisión, de alrededor de sólo 100 palabras, demandó varias horas debido a las rudimentarias características del cable y del sistema eléctrico utilizado. El 31 de agosto la ciudad de New York agasaja a Cyrus W. Field con un desfile espectacular por sus calles principales. Field, endiosado como vencedor del espacio, encabeza la fiesta en un carruaje tirado por cuatro caballos y es aclamado por el mundo entero. Como detalle curioso, cabe recordar que la afamada joyería Tiffany & Co. de 5th Avenue (entonces en 550 Broadway St.) compró el sobrante del cable submarino, lo cortó en pedazos de cuatro pulgadas y vendió miles de ellos como recuerdo, agregándoles bandas de plata con inscripciones conmemorativas en los extremos.

 

Pero durante esos días Field y sus colaboradores no pueden participar de la misma alegría del público, pues se dan cuenta de que el cable está funcionando mal y temen por su suerte. El 1º de septiembre de 1858, al día siguiente del gran festejo de New York, la aislación falló definitivamente, quedando los dos mundos incomunicados como antes. Sólo estuvieron unidos durante apenas cuatro semanas; luego, transcurrieron ocho largos años de silencio. El público reaccionó manifestando con violencia su desacuerdo y acusando de mala fe a Field. Se dijo que el cable no había enviado jamás señal alguna e incluso que no había sido tendido en su totalidad. La naturaleza humana varía poco con los siglos; héroes de un instante son vilipendiados al siguiente.

 

El ingeniero jefe del proyecto de las expediciones de 1857 y 1858 fue Charles Tilston Bright (1833-1888), quien fue nombrado caballero -knight- a la edad de 24 años por sus trabajos. En 1852, había completado una red de telegrafía bajo las calles de Manchester en una sola noche. Ya en 1855 Bright había relevado la costa irlandesa, decidiendo que Valentia Bay, en la punta septentrional del oeste de Irlanda, era el mejor sitio para la salida de un cable transatlántico. Fue miembro del Parlamento inglés a partir de 1866, a los 33 años.

 

 

El gran buque de hierro Great Eastern

 

Entre 1861 y 1864, mientras se producía la cruenta Guerra de Secesión norteamericana, entre “federales” -defensores del abolicionismo- y “confederados” -partidarios de la esclavitud-, Cyrus Field viajó constantemente entre su país e Inglaterra, buscando convencer a inversionistas de participar en una nueva empresa, asegurándoles que el intento siguiente no fracasaría.

 

La Gutta Percha Company, fabricante del núcleo de cobre del cable y de su aislación, y la Glass, Elliott & Co., proveedora de la armadura de hierro de protección, formaron en 1864, a instancias de Field y otros, la Telegraph Construction and Maintenance Company (TC&M). Esta firma proveyó el cable a la Atlantic Telegraph Company a cambio de acciones. Su presidente John Pender, inicialmente un fabricante de telas de algodón de Manchester, comprometió su fortuna personal así como su talento empresario en el nuevo negocio, en el que actuó luego durante toda su vida. En 1950, más del 90 por ciento de los cables de todo el mundo habían sido fabricados por la firma inglesa Telegraph Construction and Maintenance Company.

Mientras se diseñaba y construía un cable nuevo, Field consiguió para su empresa el ya famoso barco Great Eastern. Mientras el barco se hallaba en construcción en Millbank, sobre el Támesis, Field lo había visitado. Brunel, su constructor, señaló a Field el casco diciendo: “Aquí está el barco que hace falta para tender su cable, Mr. Field.” En oportunidad de un viaje del Great Eastern a New York, en 1860, el barco realizó una excursión de un par de días. Entre el pasaje se encontraba Cyrus Field.

 

El Great Eastern fue adquirido por una minúscula fracción de su valor original por un grupo encabezado por Daniel Gooch -presidente de la Great Western Railway-, quien ya había acordado con Cyrus W. Field la compra del buque para su uso en el tendido de cables submarinos.

 

El barco desplazaba 22.000 toneladas; poseía un casco de hierro de 6250 toneladas, de 211 m de eslora por 37 de manga, 5 chimeneas, 6 mástiles, dos ruedas de paletas de 16 m de diámetro, una hélice de 7 m de diámetro y un ancla de 7 toneladas de peso. Su potencia era de 6600 caballos de vapor y su velocidad de 14 nudos. Botado en 1858, no fue superado en tamaño hasta la construcción del Lusitania en 1906. Fue diseñado por el notable ingeniero Isambard Kingdom Brunel, quien también participó de su construcción junto con John Scott Russell. Brunel fue un ingeniero de reconocida capacidad en diversos campos; proyectó también el avanzado Clifton Suspension Bridge en Bristol. El Great Eastern tuvo una vida muy variada y azarosa; no fue destinado, como se pensaba al construirlo, al intenso movimiento de pasajeros y mercaderías entre Inglaterra y Australia (podía llevar carbón suficiente para el viaje de ida y vuelta) cuando el descubrimiento de oro arrastraba millares de emigrantes a aquellas regiones. En 1867 realizó un viaje a los Estados Unidos, patrocinado por Louis Napoléon Bonaparte, Napoléon III de Francia, con la intención de recoger pasajeros para la Exposición Internacional de París. Jules Verne estuvo a bordo e inspirado en ese viaje escribió la obra Une Ville Flottante (Una ciudad flotante) publicada en 1871. El capitán del barco era James Anderson, y como pasajero -cuenta Jules Verne- se hallaba también Cyrus Field.

 

 

El triunfo final de 1866

 

Gracias a la enorme capacidad del Great Eastern, todo el cable podía llevarse en sus bodegas -para lo cual se cambió su distribución interior- y no era entonces necesario el empalme en medio del Atlántico. El extremo del cable, llevado hasta la costa por el H.M.S. Caroline, se aseguró en Foilhommerum Bay, a 5 millas de Valentia Bay. El 23 de julio de 1865, el Great Eastern, escoltado por los buques de guerra Terrible y Sphinx, inició su viaje a América. Su capitán era James Anderson, y como ingeniero jefe, en representación de la Telegraph Construction and Maintenance Company, actuaba Samuel Canning. C. W. de Sauty era el electricista principal. Estaban también a bordo el profesor Thomson y Sir William Howard Russell, famoso corresponsal de guerra del London Times, así como Cyrus W. Field, el único norteamericano entre 500 ingleses.

 

A solo 73 millas de la operación de tendido, los instrumentos de prueba indicaron una falla eléctrica, lo que obligó a recoger parte del cable ya lanzado y realizar un empalme. El 30 de julio de 1865 se produjo un problema similar.

 

El 2 de agosto de 1865, enmudecieron las señales desde Valentia, después del tendido de 1216 millas. El cable que sostenía el Great Eastern se rompió y cayó al mar cuando se intentaba reparar la falla. Con denodados esfuerzos se trató de pescar e izar el cable, situado a dos millas y media de profundidad, los días 3, 7, 10 y 11 de agosto: “Se echaron al mar los arpeos; tres veces se logró pescar el cable y tres veces al momento de agarrarlo se rompió la cuerda del arpeo. Faltaba el material necesario para el salvamento. Fue necesario abandonar el lugar y el Great Eastern, de duelo, tomó de nuevo el camino a Valentia (Crookhaven, Irlanda).”

 

En un gesto de coraje y audacia, Cyrus Field y sus socios no sólo decidieron regresar y recuperar el cable perdido, sino también tender un nuevo cable. Para todo esto, Field y varios asociados, entre ellos, John Pender, Daniel Gooch y Richard Glass -director ejecutivo de la Telegraph Construction and Maintenance Company- organizaron una nueva compañía: la Anglo-American Telegraph Company. John Pender fundó posteriormente diversas compañías dedicadas a la telegrafía internacional, entre ellas, en 1872, la Eastern Telegraph Company. Durante años la Eastern y sus subsidiarias fueron los nervios del Imperio Británico. En años posteriores Pender organizó también la Brazilian Submarine Telegraph Company (1873) entre Europa y Brasil, la Western and Brazilian Telegraph Company (1873), que llegaba a Buenos Aires por la costa brasileña, la West Coast of America, etc. La Telegraph Construction and Maintenance Company (TelCon) intervino regularmente en el tendido de los principales cables submarinos internacionales. Todas estas firmas que controlaban un poderoso sistema de cables de comunicación extendido por todo el mundo, tenían sede en la tradicional Old Broad Street de Londres y por muchos años actuaron en estrecha relación con el Foreign Office y las agencias comerciales inglesas.

 

La expedición partió del Támesis el 30 de junio de 1866. El Great Eastern era escoltado por el Terrible a proa y el Racoon a popa, ambos de la Marina Real, más dos navíos contratados de 1800 toneladas: el Albany a babor y el Medway a estribor.

 

Sir W. H. Russell no se hallaba a bordo en esta oportunidad; lo reemplazaba Nicholas Woods, como corresponsal del London Times. También viajaba un corresponsal del Sydney Morning Herald. Henry Field, hermano de Cyrus Field, formaba parte del grupo de personas que, durante el viaje, registraron con notas los acontecimientos. Un diario litografiado, el Great Eastern Telegraph, era publicado a bordo del buque dos veces por día.

 

El 13 de julio de 1866, el Great Eastern partió nuevamente de Valentia Bay. El buque William Cory se encargó de la colocación del tramo cercano a la costa. Entregó al Great Eastern la extremidad del cabo costero, cuya posición era indicada por una boya a 50 km de la ribera.

 

El Great Eastern llegó felizmente a Trinity Bay (Heart’s Content) el viernes 27 de julio de 1866. Field cablegrafió entonces: “July 27. We arrived here at 9 o’clock this morning. All well. Thank God, the cable is laid and in perfect working order. Cyrus W. Field” (“27 de julio. Hemos arribado aquí esta mañana. Todos bien. Gracias a Dios, el cable ha sido tendido y se halla en perfecto orden”). En esos momentos presidía los Estados Unidos Andrew Johnson (1808-1875, P. Republicano, período 1865-1869), quien había sucedido a Abraham Lincoln.

 

El 9 de agosto, el Great Eastern se hizo nuevamente a la mar para buscar el cable perdido el verano anterior. El cable pudo ser enganchado pero se soltó una vez más al izarlo. Por varios días el arpeo continuó sin éxito; ora se soltaba, ora se rompía. Finalmente, a fines de agosto, la operación tuvo éxito. Se procedió a empalmarlo con el cable que transportaba el Great Eastern y una vez más el poderoso navío enfiló hacia el oeste. El 7 de septiembre, llegó otra vez a Trinity Bay luego de tender 680 millas de nuevo cable. Es de notar que en esa travesía el Great Eastern podía comunicarse con Europa, mediante el cable que estaba tendiendo, y también con América, vía Europa, ya que el cable que había colocado unos días antes se hallaba operativo.

 

Cyrus W. Field tenía entonces 47 años. El 15 de noviembre de 1866 pronunció un discurso en la New York Chamber of Commerce. Al año siguiente, el Gobierno de los Estados Unidos le confirió una Medalla de Oro en reconocimiento a su visión, coraje y determinación para establecer comunicación telegráfica mediante el cable Atlántico, atravesando el océano y conectando el Viejo Mundo con el Nuevo …” (“foresight, courage and determination in establishing telegraphic communication by means of the Atlantic cable, traversing midocean and connecting the Old World with the New …”). Cyrus W. Field continuó interviniendo en los años siguientes en emprendimientos telegráficos, entre ellos un proyecto para el tendido de un cable entre San Francisco y Hawaii Islands (llamadas entonces Sandwich Islands). En 1877 compró una participación importante en la New York Elevated Railroad Company (ferrocarriles aéreos de la ciudad de New York); intervino en el desarrollo del Wabash Railroad y adquirió más adelante el periódico neoyorquino The Mail and Express.

 

Resta señalar que en esa época existieron otros proyectos, no concretados, de conexión de Europa con América, uno vía Islandia y otro vía Alaska.

 

El Coronel Tal P. Schaffner -que había construido diversas líneas telegráficas de larga distancia en los Estados Unidos- pensó que la trayectoria elegida por Field para el cable transatlántico no era la más conveniente. Propuso entonces una ruta que, partiendo de Escocia, se encaminara a las Islas Faroe, de allí a Islandia, luego a Groenlandia y finalmente a Labrador. De esa manera la parte sumergida del cable sería de sólo 600 millas. Trabajó intensamente en su idea y obtuvo una concesión de Dinamarca para el tramo Faroe-Islandia-Groenlandia. Sin embargo, su proyecto debió de ser abandonado ya que implicaba el paso por algunas de las regiones más desoladas del mundo y la navegación por mares cubiertos de témpanos extremadamente peligrosos.

 

La otra alternativa considerada fue la denominada Overland Line to Europe, una trayectoria que partiendo de América se desarrollaba a través de British Columbia, Alaska y Siberia, hasta llegar a Moscú. En lugar de 2000 millas, esa línea requería 6000 millas de tendido, con la ventaja de que se realizaba siempre por tierra, excepto el cruce del Estrecho de Bering. La Western Union Company impulsó activamente la Overland Line a partir de marzo de 1864 e invirtió tres millones de dólares en exploraciones y relevamientos del itinerario. Hiram Sibley, presidente de la Western Union Telegraph, y rival de Cyrus Field en la meta de unir telegráficamente Europa y América, visitó Rusia en 1864 y logró los acuerdos correspondientes para el tendido de la línea. El proyecto fue abandonado cuando se conoció el éxito de Field, pero tuvo otras repercusiones. Alaska, región que era conocida como Russian America, fue comprada en 1867 por los Estados Unidos a Rusia en 7.200.000 dólares, gracias en gran parte al impulso del Secretario de Estado William H. Seward, quien había respaldado a Field cuando éste le pidiera ayuda para su expedición de 1857.

 

El tendido de los primeros cables transatlánticos nos muestra que toda gran realización requiere por lo general un período de experimentación que a menudo es desastroso en sus detalles, y que además suele llevar a la desesperación a sus autores. Pero si ellos consiguen aprender de sus errores y fracasos, el éxito final está asegurado. Numerosos escritores trasladaron a sus obras la hazaña de 1866, que tantos importantes cambios produjo en las relaciones intelectuales y comerciales del mundo entero. Stefan Zweig (1881-1942), el prolífico y brillante autor austríaco, termina así su relato incluido en sus Nuevos momentos estelares de la humanidad: “Pudiendo comunicarse entre sí, la humanidad vive ahora una vida simultánea desde un extremo al otro de la Tierra, divinamente omnipresente gracias a su propia potencia creadora. Y en virtud de su triunfo sobre el tiempo y el espacio, constituiría hoy una magnífica unidad si no la confundiesen una y otra vez la manía fatal de malograr incesantemente esa grandiosa unidad destrozándose a sí misma con los medios que le han facilitado el dominio de los elementos”.

 

 

El inicio de la era digital: los “ceros” y los “unos”

 

Las señales transmitidas por los primeros cables llegaban a destino extremadamente debilitadas y distorsionadas, por lo que era casi imposible distinguir los “puntos” y las “rayas” producidos por los manipuladores telegráficos Morse utilizados en las líneas terrestres. Es por ello que en las líneas submarinas -desde la época de Lord Kelvin- se utilizó un código basado exclusivamente en dos señales, una positiva y otra negativa, que se conoció como “cable-code”, similar al denominado binario compuesto de “ceros” y de “unos” utilizado en las computadoras y las telecomunicaciones actuales. En lugar de enviar “puntos” y “rayas” cerrando y abriendo el circuito por períodos cortos y largos, los operadores de cables submarinos operaban con la convención binaria siguiente: el operador pulsaba una llave para conectar el cable con el polo positivo de una batería y de esa manera enviaba un “punto”, o pulsaba otra llave para conectarlo al polo negativo, y así transmitía una “raya”. No obstante las distorsiones inevitables, era más simple detectar en el destino las corrientes de signo distinto que dos señales de duración distinta. Es interesante consignar que, desde el cable de 1866, se utilizó asiduamente para las comunicaciones en los cables submarinos el sistema binario basado en las dos señales, una positiva y otra negativa. Ese fue el comienzo de la era digital tan extendida en nuestros días. El telégrafo de agujas también adoptó un sistema similar al código Morse, al interpretar las deflexiones hacia la derecha y la izquierda como dos señales distintas. Emile Baudot (1845-1903), francés, desarrolló una especie de máquina de escribir (teletipo) para reemplazar al manipulador telegráfico e introdujo en 1874 el código de cinco bits por cada letra, utilizado por largos años en sistemas de telegramas y télex.

 

 

Otros cables del siglo pasado

 

En 1855, para acelerar las comunicaciones durante la guerra de Crimea entre Rusia, por un lado, y Turquía, Francia, Inglaterra y el Piamonte, por otro, el gobierno inglés encomendó a la firma Newall & Co. la instalación de una línea entre Varna y Balaklava. El cable tendido bajo el Mar Negro era un conductor de 600 km de longitud, recubierto solamente con gutapercha y sin armadura de hierro, que funcionó perfectamente hasta la caída de Sebastopol, en septiembre de 1855.

 

En 1869, el Great Eastern tendió su tercer cable transatlántico: esta vez su longitud fue de casi 3000 millas, y se extendió entre Francia y los Estados Unidos. Partía de Brest (Francia) y luego de pasar por la isla Saint Pierre et Miquelon -una colonia francesa en el Atlántico al sur de Newfoundland-, terminaba en Duxbury, cerca de Cape Cod, Mass. Fue encomendado por la Société du Cable Transatlantique Français, organizada por el empresario de agencias de noticias Julius Reuter y por el financista francés Barón Emile d’ Erlanger.

 

En 1870, Inglaterra y la India fueron unidas por el Great Eastern, que tendió el tramo entre Aden y Bombay usando un cable fabricado por TC&M. En 1871, Australia fue conectada mediante un cable que pasaba por Singapur. Esta conexión, realizada desde Londres vía Gibraltar, el Mediterráneo y el Mar Rojo (la antigua “ruta de las especies”), ofreció un servicio de calidad superior a la suministrada por las líneas terrestres pasantes por diversos estados. Un importante sistema de fibra óptica (FLAG), con un itinerario similar, se halla actualmente en construcción de Londres a Tokio.

 

Los hermanos Siemens construyeron la línea telegráfica Indo-Europea, de 11.000 km de largo que partía de Londres pasando por Prusia, Rusia, Persia, y que luego vía un cable submarino cruzaba por debajo del Golfo Pérsico entre Bushire y Karachi, para finalmente atravesar la India hasta llegar a Calcutta. La línea entró en servicio en 1870 y continuó operando hasta 1931.

 

El tráfico de comunicaciones transatlántico crecía constantemente, superando la capacidad de los cables existentes. En 1873, se tendió un tercer cable entre Valentia y Heart’s Content. Al año siguiente se tendió otro cable similar. Los cables de 1865 y 1866 duraron sólo 5 años, pero algunas zonas del cable tendido en 1873 desde Irlanda a Newfoundland se mantuvieron en servicio hasta cien años después.

 

En 1874/5, los hermanos Siemens tendieron un cable submarino en el Atlántico, entre Irlanda y Halifax, Nova Scotia, y de allí a los Estados Unidos. Carl Siemens (1829-1906) personalmente estuvo al mando del buque Faraday, de 5000 GRT (gross register tons), el cual había sido especialmente construido por William Froude en 1873/74 siguiendo especificaciones de los Siemens. El nombre del buque derivó de la amistad entre Michael Faraday (1791-1867) y William Siemens. Tenía 120 m de eslora, 17 de manga y 12 m de puntal, con 3 cubas o bodegas de 13 m de diámetro y 9 m de profundidad para acondicionar los cables, colocadas dos adelante y una atrás. Exteriormente difería de los otros buques de su tiempo, pues ambos extremos eran semejantes, con un timón en cada uno de ellos. Podía así marchar hacia adelante o hacia atrás, según las necesidades y con igual facilidad, condición importante para facilitar las maniobras durante el tendido de un cable. El éxito del emprendimiento y la calidad del cable sumergido -confirmada por Sir William Thomson-, fue un gran triunfo para la empresa Siemens, lo que le facilitó la encomienda de trabajos similares. Hacia 1884 el Faraday había tendido otros cinco cables transatlánticos.

 

En 1881, por encargo de Jay Gould de la Western Union Telegraph Company -activo empresario de los ferrocarriles norteamericanos- se tendió un cable doble entre Francia y los Estados Unidos, desde Brest a Cape Cod, familiarmente conocido como el enlace PQ, por el nombre del Senador Pouyer-Quertier.

 

Luego, en 1884, por encargo de John W. Mackay -empresario de minas- y Gordon Bennett – dueño del New York Herald-, se colocaron otros dos cables entre Inglaterra y los Estados Unidos.

 

En 1878, el estadounidense James Scrymser obtuvo la concesión para construir líneas telegráficas entre los Estados Unidos y México, países que unió dos años más tarde mediante un cable entre Galveston y Veracruz. Su compañía, la Central & South American Telegraph Company, fundada en 1882 con el apoyo de un grupo de banqueros de New York dirigidos por J. Pierpont Morgan, tendió cables hacia el sur hasta la costa de Perú. En 1891, esta compañía construyó un cable hasta Chile y compró la línea terrestre a Buenos Aires de la Transandine Telegraph Company, compitiendo con la compañía inglesa Eastern Telegraph Co. y sus subsidiarias, por el tráfico entre Sur y Norte América, y también por el tráfico entre Sur América y Europa, vía Norte América.

 

La telegrafía en la Argentina                                                                                           4

 

 

A la vera del ferrocarril

 

Las primeras líneas telegráficas en la Argentina, al igual que en Europa, fueron instrumentos destinados a reforzar la unidad nacional y a consolidar el poder del Estado. No tardó mucho en sumarse al movimiento económico iniciado a mediados del siglo XIX y en participar en el desarrollo de los mercados financieros y comerciales. El telégrafo se convirtió al fin del siglo pasado en el agente técnico del mercado bursátil nacional e internacional. Los enlaces internacionales y, en especial, las líneas submarinas fueron realizados y operados, siguiendo los ejemplos de otros países, por empresas privadas.

 

El telégrafo apareció en la Argentina junto con el primer ferrocarril: el 29 de agosto de 1857, siendo Gobernador Valentín Alsina, se inauguró el Camino de Hierro del Oeste de Buenos Aires (denominado Ferrocarril del Oeste, luego Ferrocarril Sarmiento), entre Estación del Parque -Plaza Lavalle, sitio que hoy ocupa el Teatro Colón- y La Floresta, 10 km que recorría la locomotora La Porteña. Intervino en su instalación Amadeo Berthonnet, residente francés que ya en 1855 había presentado una línea experimental de diez cuadras de extensión. Berthonnet propuso en 1860 tender varias líneas terrestres al interior, y también, una línea subfluvial a Montevideo.

 

El primer telégrafo de agujas usado en la Argentina, en 1857, fue suministrado por la empresa alemana Siemens & Halske. Siemens había patentado en Europa su telégrafo de agujas en 1847. El 11 de abril de 1860, se agregó el tramo de ferrocarril desde Merlo a Moreno (un total de 21 km entre Estación del Parque y Moreno). Simultáneamente se construye la primer línea telegráfica pública, paralela a las vías, que es impulsada por el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires y equipada por Siemens. En 1865 llega hasta Bragado.

 

El 1º de mayo de 1869 se habilitó el telégrafo desde Buenos Aires a Rosario y, el 18 de mayo de 1870, hasta Córdoba.

 

 

Correos y Telégrafos

 

El 13 de mayo de 1826 Bernardino Rivadavia creó la Dirección General de Correos, Postas y Caminos, y el 1º de julio de 1826 la Administración General de Correos, a cuyo frente nombró a Juan Manuel de Luca. Luca continúa en ese cargo durante el período rosista hasta 1852 y renuncia el 14 de enero de 1858. Le sucede Gervasio Antonio de Posadas, designado el 4 de enero de 1858 por el Gobernador Valentín Alsina como Administrador General de Correos de Buenos Aires. En 1861, por renuncia del presidente Santiago Derqui, las provincias delegan el desempeño del Poder Ejecutivo en el General Bartolomé Mitre (período 1862-1868), Gobernador de Buenos Aires, quien mediante decreto del 3 de octubre de 1862 nacionaliza el Correo de la provincia y confirma como director general a Posadas al crear la Dirección General de Correos, cargo que ocupa hasta el fin de la presidencia de Sarmiento, finalizada el 12 de octubre de 1874.

 

Por decreto del mes de octubre de 1869 se nombra como Inspector General de Telégrafos de la Argentina a Carlos Burton -quien se retira en 1875-, y el 17 de enero de 1871 se crea la Administración Central de los Telégrafos Nacionales. Como sucesor de Gervasio Antonio de Posadas, el presidente entrante en 1874 -Nicolás Avellaneda (1837-1885)- nombra a Eduardo Olivera, fundador de la Sociedad Rural Argentina. El 7 de abril de 1876 se unen Correos y Telégrafos, y la repartición es elevada a la categoría de Dirección General de Correos y Telégrafos. Olivera, con estudios en la Universidad de Greifswald, Alemania, encomienda a Ramón J. Cárcano la organización del Museo de Correos. El hermano de Olivera compra en Inglaterra los familiares buzones de cartas -pillar boxes- antes, rojos y, ahora, azules y amarillos. Olivera renuncia el 7 de octubre de 1880, cuando se niega a seguir al gobierno nacional instalado en Belgrano.

 

El servicio postal argentino se modernizó considerablemente a lo largo de su historia. Un ejemplo de ello fue el servicio de tubos neumáticos inaugurado en Buenos Aires el 13 de abril de 1934. Fue proyectado por el Ing. Otto Krause (1856-1920), quien con clara visión creó también las escuelas industriales de la Argentina. El sistema distribuía correspondencia a diversos barrios y su uso se extendió por 36 años hasta que dejó de funcionar en 1970.

 

 

Sarmiento y las comunicaciones

 

Domingo Faustino Sarmiento fue presidente en el período 1868-1874. Gobernó en pleno desenlace de la Guerra del Paraguay y en un momento en que estuvo a punto de producirse la ruptura de relaciones con Brasil. No obstante, su acción de gobierno fue notable. En el área de la educación triplicó el número de escuelas primarias e impulsó el establecimiento de numerosas escuelas normales y colegios secundarios en varias provincias. Durante su presidencia se construyeron líneas telegráficas por leyes especiales del Congreso o -como ya se ha mencionado en el Prólogo– haciendo uso de fondos de las partidas de puentes y caminos, arbitrio que motivó una interpelación a su Ministro del Interior, Dalmacio Vélez Sársfield. Al defender sus proyectos telegráficos, Vélez Sársfield exclamó, ante los diputados opositores del Congreso, que los telégrafos eran los caminos de la palabra.

 

En 1869, en plena guerra con Paraguay (1865-1870), Sarmiento firma el contrato Hopkins dirigido a la construcción de la primera línea telegráfica del Gobierno Nacional, que uniría Buenos Aires con las provincias del Litoral. En el mismo año se inaugura la línea telegráfica entre Buenos Aires y Rosario y se habilita el servicio público de telegramas. Muy pronto las nuevas líneas iban a prestar utilidad al Gobierno Nacional en la lucha contra Ricardo López Jordán, sublevado en Entre Ríos.

 

El septiembre de 1870, se concreta un cable telegráfico subacuático entre Santa Fe y Paraná (línea Rosario-Paraná) realizado por la empresa Fussori-Maveroff.

 

En la presidencia de Sarmiento se resuelve unir por medio del telégrafo las capitales de provincia y las ciudades importantes del país. Al término de su período, en 1874, el tendido de líneas telegráficas alcanzaba los 5000 km. También en 1874 aparece Anales, primera publicación científica argentina, de la Sociedad Científica Argentina.

 

Como Ministro Plenipotenciario en los Estados Unidos, Sarmiento promovió ante el Gobierno Argentino que se subvencionara a la empresa Hispano-American Intercommunication Co. para el tendido de un cable submarino que debía ligar a todos los pueblos del Pacífico situados entre Norteamérica y Chile.

 

Por iniciativa de Sarmiento, se instaló en Córdoba el astrónomo norteamericano Benjamin A. Gould (Boston, 1824, Cambridge, Mass., 1896), graduado en 1844 en Harvard y doctorado en 1848 en Göttingen con Karl Friedrich Gauss (1777-1855). En 1849, comenzó a trabajar en el U.S. Coast and Geodetic Service (National Ocean Survey) y entre 1855 y 1859 fue director del Dudley Observatory, Albany. Gould, junto con cuatro ayudantes, llegó a Córdoba en 1870. De inmediato organizó el Observatorio Astronómico -que dirigió por 15 años hasta 1885-, y en 1871 el Observatorio Meteorológico, cerca del anterior. En 1874, completó su Uranometría Argentina, catálogo de 7756 estrellas.

 

Gould determinó las longitudes geográficas de diversas ciudades argentinas mediante la telegrafía y observaciones astronómicas de posición del sol, técnica que había sido uno de los primeros en desarrollar. En 1866 hizo empleo del cable transatlántico recién tendido para establecer la diferencia de longitud entre los observatorios de Greenwich, Inglaterra, y Washington, D.C., Estados Unidos. Para ese fin, se valió de un cronógrafo construido por Bond & Son de Boston, que luego también utilizó en las mediciones que realizó en Argentina, según lo relatado en su obra Resultados del Observatorio Nacional Argentino en Córdobapublicada en 1881.

 

Así opinaba Sarmiento al inaugurar el Observatorio Astronómico Nacional: “Los que hallan inoportuno un observatorio astronómico nos aconsejan lo que Rosas practicaba, lo que Felipe II legó a sus sucesores, y nos separa por fin de la especie humana, en todos los progresos realizados por las ciencias naturales, desde el Renacimiento hasta nuestros días, en el resto de Europa y en los Estados Unidos, pues con Franklin y Jefferson contribuyeron desde su origen a los progresos de la física y la geología, y en sus aplicaciones a las necesidades de la vida con Morse y Agassiz, se han adelantado a veces en la marcha general. Es una cruel ilusión del espíritu llamarnos pueblos nuevos. Es de viejos que pecamos. Los pueblos modernos son los que resumen en sí todos los progresos que en las ciencias y en las artes ha hecho la humanidad, aplicándolas a la más general satisfacción de las necesidades del mayor número.” Miguel de Unamuno dijo de Sarmiento: … “cuando discrepaba de los españoles, lo hacía como un español más”.

 

 

La conquista del desierto

 

En 1879, en medio de una grave crisis económica provocada por la Guerra del Paraguay, las revoluciones internas, la fiebre amarilla y la crisis de la Bolsa europea, el General Julio A. Roca, ministro del presidente Nicolás Avellaneda, organizó y ejecutó la Campaña del Desierto -Expedición al Desierto-. Las comunicaciones eran esenciales y los hilos telegráficos llegaron hasta el Río Negro en 1881 cuando ya Roca ejercía su primera presidencia del período 1880-1886. El mantenimiento de las líneas corría por cuenta de los denominados “guardahilos”, que esforzadamente realizaban a caballo las composturas de los hilos averiados.

 

En abril de 1880 el Gobierno comisionó a los ingenieros Alfredo Ebeto y Santiago Buratovich, a las órdenes del Cnel. Conrado E. Villegas, la construcción de la línea telegráfica de Bahía Blanca a Patagones, y desde allí, por Choele-Choel, a Neuquén, por la margen izquierda del Río Negro.

 

El Mayor Santiago Buratovich (1846-1909) nació bajo bandera austro-húngara. Ingeniero militar, llegó a Buenos Aires en 1868, después de trabajar con Fernando de Lesseps (1805-1894) en las obras del Canal de Suez, inaugurado en 1869. Ingresó en el Ejército Argentino y le tocó dirigir la construcción de las líneas de telégrafos para las tropas que llegaban a Carhué, dominios de Namuncurá, sucesor de Cafulcurá. Se cuenta que se lo apodaba el Gringo de los Postes. A su retiro del Ejército, encabezó un grupo de trabajo que proyectó un nuevo tendido de un cable subfluvial Buenos Aires-Montevideo, concedido por decreto del 16 de marzo de 1887. Murió el 2 de agosto de 1909 en La Plata, donde intervino en la construcción de una línea tranviaria.

 

En 1902, durante la segunda presidencia de Roca, 1898-1904, se extendieron las leyes regulatorias de la operación de la telegrafía a la radiotelegrafía (Ley 4408 del 29 de septiembre de 1902). En 1903, un equipo dirigido por el Ing. Pedro Olivera y el Director de Telégrafos, D. Pedro López terminó la línea telegráfica hasta Cabo Vírgenes (a la entrada del Estrecho de Magallanes), pasando por Conesa, Rawson, Comodoro Rivadavia, Puerto Deseado y Santa Cruz. Para esa fecha, la red telegráfica ligaba el país con 25.000 km de recorrido. En relación con la población -aproximadamente 5 millones- era uno de los desarrollos telegráficos más importantes del mundo.

 

Los enlaces internacionales sudamericanos                                                               5

 

 

El cable submarino a través del Río de la Plata

 

The River Plate Telegraph Company -Compañía Telegráfica del Río de la Plata, con sede en Glasgow, Escocia, y antecesora de la Western Telegraph Co.- fue formada para poner en marcha la concesión de 15 años otorgada por la provincia de Buenos Aires a John Proudfoot y Matthew Gray, de Londres, el 10 de diciembre de 1864. Comprendía el tendido de una línea desde Buenos Aires a Montevideo. Un hilo submarino cruzaba el Río de la Plata entre Punta Lara y Colonia, y luego un hilo aéreo de 160 km llegaba hasta Montevideo. Esta línea fue construida y colocada por la firma británica W. T. Henley, abriéndose al público el 30 de noviembre de 1866 durante el Gobierno de Mitre.

 

El 25 de septiembre de 1875, se inauguró una línea subfluvial a la isla Martín García, con la intervención del vapor Fulminante de la Armada Argentina. Este cable fue reparado en 1878 por la bombardera Constitución, que también había intervenido en 1877 cuando a la altura de Punta Indio se averió un cable a Montevideo, según información suministrada por el Contraalmirante Horacio Rodríguez, Presidente del Instituto Browniano.

 

 

Línea telegráfica a Chile

 

En 1866, el gobierno argentino acordó con Eduardo Hopkins la construcción de un telégrafo eléctrico entre Buenos Aires y el límite con Chile. El 25 de noviembre de 1870, Dalmacio Vélez Sársfield, inauguró en Villa María un tramo parcial de la línea y se comunicó con D. F. Sarmiento.

 

En 1871 la Compañía del Telégrafo Transandino -Transandine Telegraph Company- construyó la línea telegráfica internacional entre Villanueva (provincia de Córdoba) y Valparaíso (Chile). En 1891 la Compañía del Telégrafo Transandino fue adquirida por The Central & South American Telegraph Company, y a ella se le transfirió el contrato respectivo. La construcción estuvo a cargo de Mateo y Juan Clark que también construyeron el Ferrocarril Transandino. El 26 de julio de 1872 se abrió la línea telegráfica internacional que conectó Valparaíso con Buenos Aires, en cuya oportunidad intercambiaron saludos autoridades de ambos países.

 

Más adelante, la Western and Brazilian Telegraph Company. promovió una nueva vía entre Buenos Aires y Chile. Surgió así la Pacific & European Telegraph Co. Ltd. que contrató con la Clark Bros. Co. Ltd. de Buenos Aires y Londres, la construcción de una línea terrestre de 730 millas entre Buenos Aires y Punta de Vacas, para seguir por cable subterráneo hasta Río Blanco y de allí, de nuevo por línea terrestre, a Valparaíso. La obra fue dirigida por el Ing. Luis Valiente Noailles y se libró al servicio público a principios de 1894.

 

Cabe señalar que el tendido de este segundo cable dio lugar a un polémico conflicto comercial entre la CTRP, Compañía Telegráfica del Río de la Plata (inglesa) -asociada a la W&BTC, Western and Brazilian Telegraph Company- y la CSATC, Central and South American Telegraph Company (estadounidense).

 

En enero de 1892, la CSATC estableció una sobretasa de $0,57 oro por palabra correspondiente al trayecto de Buenos Aires a Chile que provenía de Europa vía Lisboa. Entonces la CTRP, argumentando que actuaba en defensa de sus intereses, impuso a la CSATC una sobretasa igual para el tramo de Buenos Aires a Rio de Janeiro, de todo telegrama expedido desde Europa para Brasil que pasaba por los Estados Unidos vía Galveston.

 

Durante casi dos años se mantuvo ese régimen de tarifas. Pero en ese intervalo, tal como se mencionó antes, la W&BTC construyó una línea telegráfica directa entre Buenos Aires y Valparaíso, que independizó a los telegramas de Europa para Chile vía Lisboa del uso de las líneas de la CSATC. Ante esta circunstancia, la CSATC abolió la sobretasa que cobraba desde dos años atrás (en realidad, ya no tenía a quien aplicarla, ya que la W&BTC remitía sus telegramas a Chile por su nueva línea) y requirió la intervención del Gobierno Argentino para que la W&BTC fuese obligada a renunciar a la sobretasa establecida.

 

 

1874: se inicia el diálogo con Europa

 

Walter B. L. Bose, en su Historia de las comunicaciones, dice que muy pronto tras el tendido del primer cable transatlántico de 1858, algunos empresarios ingleses propusieron el tendido de un cable entre Argentina y Europa. Estos intentos se redoblaron a partir de la instalación exitosa del cable transatlántico de 1866. En diversos círculos comenzó a cundir la idea de tender un cable hasta la Argentina. La importante publicación rioplatense de la época, La Revista Argentina, dirigida por José Manuel Estrada, incluyó en 1869, con la firma de E. Menu de Saint-Mesmin, un extraordinario y pormenorizado artículo intitulado El cable transatlántico, acerca de la odisea de Cyrus W. Field.

 

El periódico satírico El Mosquito de Buenos Aires comenta en su edición del 18 de agosto de 1867: “Ha llegado a Montevideo un caballero español que, según se dice, viene nada menos que para establecer un cable eléctrico directo entre el Río de la Plata y Europa. … Este señor ingeniero telegráfico y submarino se llama, según veo en un diario de la tarde, el ciudadano Arturo Marcoartú. … Voy a hacer economías para tomar acciones del telégrafo submarino entre Buenos Aires y Londres”. Don Arturo de Marcoartú era un prestigioso Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos de España quien ya en 1863 había publicado, en New York, un estudio singular en el que abogaba por “la empresa universal de tendido de líneas submarinas”. La obra incluía el estado de las líneas más importantes de explotación de la época, una exposición y crítica de las líneas proyectadas para unir a Europa y las Américas, el Atlántico y el Pacífico, más un detallado análisis de utilidades y gastos.

 

Un paso decisivo para alcanzar la conexión de Argentina con Europa fue dado el 8 de junio de 1872 por el gobierno de Sarmiento, que en conocimiento del proyecto del tendido de un cable entre Brasil y Portugal, otorgó por diez años una concesión a Lamas & Company para conectar Buenos Aires con Rio de Janeiro por medio de un cable submarino.

 

Es interesante destacar que Sarmiento, siendo Ministro Plenipotenciario en los Estados Unidos -había llegado con ese cargo el 15 de mayo de 1865 y regresó a la Argentina el 23 de julio de 1868- fue testigo directo de todas las noticias referentes a la hazaña del Great Eastern y asistió en 1866 a la inauguración del cable submarino transatlántico Estados Unidos-Europa. La epopeya del tendido del primer cable submarino transatlántico y el clima vivido en ese país deben haber impresionado intensamente al ilustre sanjuanino, obstinado partidario del progreso de esa época. En su discurso con motivo de la primera comunicación vía telegráfica a Europa desde Buenos Aires en 1874, Sarmiento expresó: “He presenciado la inauguración del primer cable submarino á los Estados Unidos y oído á Mr. Field, el tenaz empresario, la narración de sus fracasos y el de su triunfo, hasta dejar unido el continente del Norte con la Europa”.

 

En agosto de 1874, la Argentina estaba en condiciones de comunicarse telegráficamente con Europa. Los mensajes viajaban primero a Montevideo a través de la línea de la River Plate Telegraph Company; de allí a Pernambuco pasando por Rio Grande do Sul, Santos y Rio de Janeiro; luego cruzaban el Atlántico hasta arribar a Lisboa. Desde Lisboa se derivaban a las distintas capitales europeas.

 

A partir de entonces, el país comenzó a recibir noticias de las agencias europeas. El 18 de julio de 1877 el diario La Nación -fundado por Bartolomé Mitre el 4 de enero de 1870- comenzó a publicar (Año VIII, Núm. 2080) telegramas de la Agencia Havas (posteriormente France Press), a través de un servicio especial de Enrique Barker y Cía., con sede en la calle Reconquista 251 de la ciudad de Buenos Aires.

 

Esta línea, que pasaba por las islas Madeira y São Vicente, fue inaugurada oficialmente por el Presidente Sarmiento desde Buenos Aires el 4 de agosto de 1874. Sarmiento saludó a la Reina Victoria, al Papa, al monarca lusitano, al emperador alemán, al presidente de Francia, al rey de Italia y al presidente de los Estados Unidos Ulises Simpson Grant (1822-1885, P. Republicano, período 1869-1877), a quien expresó: “al terminar mi gobierno dejo a mi país en contacto con todas las naciones. La República Argentina está desde hoy a las puertas de los Estados Unidos.”

 

 

Cables desde Brasil a Europa y los Estados Unidos

 

Las primeras conexiones de Argentina con Europa se realizaron a través de líneas que partían de la costa de Brasil y cruzaban el Atlántico. Las mismas compañías que unieron Brasil con Europa, actuaron también en Buenos Aires, por lo cual es conveniente conocer las líneas internacionales de Brasil de esa época, para así entender mejor el desarrollo argentino. Las líneas existentes en Brasil eran las siguientes:

 

• Línea Madeira

El 23 de marzo de 1870, por decreto Nº 4491, Charles T. Bright (quien, cuando tenía 24 años de edad, había sido ingeniero jefe del proyecto de 1857 de Cyrus Field), E. B. Webb y William Jones, recibieron del Gobierno brasileño una concesión por 60 años para un cable submarino desde Rio de Janeiro, hasta Pará (provincia de Pará) hacia el norte y San Pedro (provincia de Rio Grande do Sul) hacia el sur. El decreto Nº 5234 del 24 de marzo de 1873, ampliado por el decreto Nº 5270 del 26 de abril del mismo año, autorizó la transferencia del contrato a la Telegraph Construction & Maintenance Company Ltd.

 

El 16 de agosto de 1872, por decreto Nº 5058, el Gobierno brasileño dió una concesión de 20 años al Barón de Mauá para tender y operar un cable submarino entre Brasil y Portugal. El cable comenzaba en Recife (provincia de Pernambuco) e iba vía las islas Cabo Verde y Madeira a Carcavellos, cerca de Lisboa. Por decreto del 18 de junio de 1873, se permitió al Barón de Mauá transferir la concesión a la Brazilian Submarine Telegraph Company Ltd. -que el 10 de noviembre de 1899 pasó a llamarse Western Telegraph Company Ltd-. La concesionaria contrató con la Telegraph Construction & Maintenance Company Ltd. la realización del tendido del cable y el servicio fue inaugurado en julio de 1874. Otras compañías pertenecientes al mismo grupo inglés que liderara John Pender fueron la Western & Brazilian Submarine Telegraph y la London Platino-Brazilian Cable Co. que obtuvieron permisos a lo largo de las costas de Brasil y Argentina. Esta línea fue la utilizada el 4 de agosto de 1874 por el presidente Domingo F. Sarmiento para comunicarse con Europa desde Buenos Aires, vía Montevideo, Rio Grande, Santa Catarina, Rio de Janeiro, Bahia, Recife, Islas Cabo Verde, Islas Madeira, Lisboa. Un segundo cable se tendió en 1884.

 

• Línea Fernando de Noronha

Por decreto Nº 128 del 11 de abril de 1891, el gobierno brasileño concedió una autorización de 25 años a William Parsoné, representante de la India Rubber, Gutta Percha and Telegraph Works Company Ltd., de Londres, para el tendido de cables entre Recife -provincia de Pernambuco- y St. Louis -ahora Dakar- en Senegal, Africa. Este cable pasaba por las islas Fernando de Noronha. El decreto Nº 965A, del 30 de junio de 1892, transfirió la concesión a la South American Cable Company Ltd., que se hizo cargo del cable ya tendido por el primer concesionario.

 

• Línea Tenerife

El 30 de julio de 1908, por decreto Nº 7051, el gobierno brasileño otorgó a Felten & Guilleaume Lahmeyerwerke Aktien-Gesellschaft una importante concesión para tender un cable entre la costa de Brasil y la isla de Tenerife, conectando allí con cables de la South American Cable Company hacia West Africa. Esta concesión fue transferida a la Deutsch Südamerikanische Telegraphengesellschaft por decreto Nº 7598 del 14 de octubre de 1909. La línea se inauguró el 29 de marzo de 1911.

 

• Línea Salinas

Esta conexión mediante cable submarino entre Brasil y los Estados Unidos partía de Salinas y llegaba a Guantánamo, en Cuba, conectándose allí con cables del sistema de la All America Cables que llegaba a New York. El contrato respectivo fue otorgado, por el decreto Nº 216A del 22 de febrero de 1890, a las Société Générale des Téléphones y Société Française des Télégraphs Sous-Marines (entonces Compagnie Française des Cables Télégraphiques). El servicio en esta línea comenzó el 1º de septiembre de 1892.

 

 

Línea Argentina a Europa vía Ascensión

 

El interés del gobierno argentino por las comunicaciones internacionales se reflejó también por su participación en organizaciones multinacionales. Ya en 1882 la Argentina gestionó su ingreso en la Unión Telegráfica Internacional, creada el 17 de mayo de 1865 en París y que en 1932, en una reunión en Madrid, pasa a llamarse UIT, Unión Internacional de Telecomunicaciones, englobando a la Unión Radiotelegráfica Internacional constituida en 1906. Desde 1947, la UIT quedó integrada como organismo especializado a la ONU, Organización de las Naciones Unidas. El principal órgano de la UIT es la Conferencia Plenipotenciaria que se reúne cada cinco años. En 1952 la UIT se reunió en Buenos Aires, ciudad que también fue sede, en marzo de 1994, de la Primera Conferencia Mundial de Desarrollo en Telecomunicaciones. En marzo de 1884, la Argentina participó en la reunión celebrada en París de la Convención sobre Protección de Cables Telegráficos Submarinos, asistiendo como delegado argentino Don Mariano Balcarce.

 

Durante varios años, la Argentina realizó sus comunicaciones con Europa a través de las líneas que partían de Brasil hacia el continente. Esta situación se mantuvo hasta la realización de la llamada Línea Argentina a Europa vía Ascensión. Según afirmaciones vertidas en el Congreso Nacional cuando se discutía la autorización para el cable de la Argentina a Europa vía Ascensión -inaugurado finalmente en 1910-, la Argentina tenía tres vías principales de comunicación internacional:

 

• Línea Madeira.

“La vía Madeira arranca propiamente de Montevideo y estamos comunicados con ella por compañías que tienen cables que unen las dos capitales. Tiene tres cables tendidos por la costa de Brasil:

– el primero que arranca de Montevideo sigue por Maldonado, Chuy, Rio Grande, Santa Catarina, Santos, Rio de Janeiro, Bahia, Pernambuco y São Vicente.

– el segundo, que suprime algunas estaciones intermedias, aterra en Montevideo, Maldonado, Chuy, Santos, Rio de Janeiro, Pernambuco y São Vicente.

– el tercero, que suprime más todavía, aterra en Montevideo, Rio de Janeiro, Pernambuco y São Vicente.”

 

• Línea Talismán

“Denominada así en esta parte del mundo pero que se llama South-American Cable Company en el continente europeo, arranca de la República Argentina por vía terrestre, siguiendo los telégrafos argentino-brasileños, pasa por Paso de los Libres, Uruguayana, Porto Alegre, etc. hasta Pernambuco, de donde arranca el cable francés que aterra en Fernando de Noronha, luego Yoff, cerca de Dakar, y finalmente llega a Brest.”

 

• Línea Galveston.

“Va por el Oeste, dando la vuelta por los Estados Unidos; puede ir por la vía terrestre Argentino-Chilena de telégrafos oficiales o por los cables de las compañías asociadas. Las vías de esta compañía tocan todas las Repúblicas del Sur del Pacífico y de Centro América (Colón), llegan a Galveston, que le da su nombre, siguen por los telégrafos terrestres de los Estados Unidos y pasan por cable de Nueva York a las Azores y de ahí a Inglaterra.”

 

Todas las líneas anteriores recalaban en diversos países, por lo que surgió la inquietud en diversos círculos gubernamentales y privados de disponer de un enlace más directo con Europa. Esa circunstancia dió origen a enfrentamientos empresarios en los que no faltaron discusiones y presiones de distintos gobiernos. En 1909, la Cámara de Diputados y de Senadores -Ley 6494 del 28 de septiembre de 1909-, aprobó el contrato ad referendum entre el Poder Ejecutivo y la empresa inglesa The Western Telegraph Company Limited, representada en Buenos Aires por J. Oldham, para tender un cable telegráfico entre Buenos Aires y la Isla Ascensión. En ese entonces, el cable más largo del mundo se hallaba entre Vancouver y Fanning Island con 3428 millas náuticas; el siguiente era el de Brest a Cape Cod con 3174 millas náuticas. La extensión calculada para el cable Ascensión y Buenos Aires era de 3250 millas náuticas. El 30 de marzo de 1910 se dió comienzo al lanzamiento del cable frente a Ascensión, por el barco Colonia, construido especialmente para tender cables -el mayor de la época, de 11.000 t de desplazamiento-. El total del cable, dispuesto en 4 tanques, medía 3209 millas náuticas y pesaba 7939 t.

 

Fue inaugurado el 3 de junio de 1910 y se lo conoció como Cable Argentino a Europa, Vía Ascensión. El vapor Colonia pertenecía a la firma fundada por Field, Pender y otros que realizara el primer cable transatlántico, la conocida Telegraph Construction & Maintenance Company, empresa que también fabricó el cable y a quien le fue encomendado el lanzamiento por la Western Telegraph Company. Además del Colonia, tomó parte en el lanzamiento en la sección del Río de la Plata (hasta una boya situada a 200 millas de Montevideo y 250 de La Plata), el vapor cablero Cambria, que por su calado se prestaba para ese fin. Desde la Isla Ascensión, la Western Telegraph Co. se comprometía a tender un cable a São Vicente en las Islas Cabo Verde.

 

En carta dirigida al Dr. Justiniano Posse, Director General de Correos y Telégrafos, del 17 Sept. 1907, J. Oldham, representante de The Western Telegraph Co. Limited, dice haber sido quien colocó el primer cable en la América del Sud en 1866, refiriéndose al cable Montevideo-Buenos Aires de la River Plate Telegraph Company.

 

En el acto inaugural del cable, el 3 de junio de 1910, el presidente argentino Dr. José Figueroa Alcorta envió el saludo siguiente al Rey Jorge V: “José Figueroa Alcorta, Presidente de la República Argentina, saluda con júbilo en este día a S. M. el Rey Jorge V de la Gran Bretaña e Irlanda y sus dominios, por el doble motivo de ser el del natalicio de S. M. haciendo votos por su felicidad personal, por la de su familia, y por un largo y próspero reinado; y a la vez en celebración del cable directo Argentino a Ascensión que queda inaugurado y entregado al servicio público desde hoy, entre uno y otro país y que servirá para facilitar las comunicaciones, dar mayor impulso al comercio y estrechar aún más las cordiales relaciones que felizmente unen a los Estados”. Esta fue la respuesta correspondiente: “A S. E. el Señor Presidente de la República Argentina, Buenos Aires. Agradezco a V. E. por sus expresivas congratulaciones y buenos deseos. Participo enteramente de los sentimientos manifestados por V. E. con motivo de la apertura del cable Argentino a Ascensión, el cual confío será un nuevo lazo de unión entre nuestros dos países. Acepto con mucho placer la medalla conmemorativa de este auspicioso acto, Jorge V, R. I.”

 

Es interesante señalar que ese mismo año, centenario de la Revolución de Mayo, se realizó en Buenos Aires, del 10 al 25 de julio, el Congreso Científico Internacional Americano. En las noticias del Congreso, publicadas por la Sociedad Científica Argentina, Vol. I, Nº 06815, R-2-34, Relación general del funcionamiento del Congreso, se indicaba la presencia en las reuniones de una Subsección Telegrafía, dentro de la Sección Ciencias Militares presidida por el General de Brigada Pablo Riccheri. La Subsección Telegrafía estaba integrada por Enrique P. Mosconi y Agustín P. Justo, (1876-1943, presidente del período 1932-1938), ambos militares e ingenieros, egresados de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires. Los temas incluían: material portátil de telegrafía eléctrica de campaña y montaña conveniente para los diferentes países de América, material portátil de telegrafía óptica, estaciones portátiles de telegrafía sin hilos, teléfonos con y sin hilos y reseña de redes internacionales convenientes.

 

El buque Colonia tendió cables también entre New York, Cuba y Panamá, y también un cable hasta las Islas Malvinas (Falkland Islands), según lo consignado por la publicación The Telco Story 1850-1950, que narra cien años de historia de la Telegraph Construction and Maintenance Company (TC&M). El tendido de ese cable no ha podido ser corroborado por el autor; la publicación citada agrega que el Colonia, luego de vaciar y limpiar las bodegas usadas regularmente para el adujado y transporte de los cables, retornó a Inglaterra con un cargamento de 5000 toneladas de maíz y otros granos y 15.000 envases de carne.

 

En 1935, la Telegraph Construction & Maintenance Company Limited y la Siemens Brothers & Co. Limited, que competían en el negocio de cables submarinos, viendo que no habría nuevos pedidos suficientes para ambas plantas dado el auge de las transmisiones por radio, decidieron formar una compañía conjunta denominada Submarine Cables Limited, que a partir del 1º de octubre concentró la fabricación de cables en Greenwich.

 

Tomado de: http://www.quadernsdigitals.net/datos_web/biblioteca/l_746/enLinea/4.htm

 

11-03-13

 

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