Category Archives: LITERATURA

Abandonaded Love Bob Dylan

Bob Dylan: los viajes del Gran Camaleón

Bob Dylan trae a México Modern Times Foto: Notimex

Bob Dylan trae a México Modern Times
Foto: Notimex

Hermann Bellinghausen

La Jornada, febrero de 2008

Pronto serán 50 años de que existe y todavía no sabemos si creerle todo el tiempo o sólo a veces, y si le entendemos. Lo que canta es importante, incluso para los que confiesan: “no me gusta Bob Dylan”. Así, desde su inicio en el frío invierno de 1960-1961, cuando un chaval llamado Robert Zimmerman, hijo de Abraham-vendedor-de-televisores en el corazón de la Nada americana, al pie de la carretera 61, se reinventó y autodenominó Bob Dylan. Como piedra que rueda, diría luego.

Es, para muchos, el creador más importante de la cultura popular contemporánea, si acaso eso significa algo. A pesar del desdén histórico de la academia literaria, su candidatura al premio Nobel va en serio. Si acaso significa algo.

En realidad, lo único que ha hecho es tocar y cantar rock tripulando su Sigue leyendo

Like a rolling stone 1976

El Mercader de Venecia de William Shakespeare

El mercader de Venecia de William Shakespeare:

el_mercader_de_venecia mercader-de-veneciaWilliam Shakespeare nos introduce con El mercader de Venecia en aspectos históricos, culturales y sociales de la Inglaterra de la época: la discriminación racial hacia los judíos, la sospechosa legalidad de algunas acciones humanas, la venganza y el perdón, la represión religiosa, la diferencia entre las clases sociales.

el_mercader_de_venecia PDF

Tomado de: http://goo.gl/nQMU1

 

Tu más profunda piel. Julio Cortázar

Tu más  Profunda Piel

Cada memoria enamorada guarda sus magdalenas y la mía -sábelo, allí donde estés- es el perfume del tabaco rubio que me devuelve a tu espigada noche, a la ráfaga de tu más profunda piel. No el tabaco que se aspira, el humo que tapiza las gargantas, sino esa vaga equívoca fragancia que deja la pipa, en los dedos y que en algún momento, en algún gesto inadvertido, asciende con su látigo de delicia para encabritar tu recuerdo, la sombra de tu espalda contra el blanco velamen de las sábanas.

No me mires desde la ausencia con esa gravedad un poco infantil que hacia de tu rostro una máscara de joven faraón nubio. Creo que siempre estuvo entendido que sólo nos daríamos el placer y las fiestas livianas del alcohol y las calles vacías de la medianoche. De ti tengo más que eso, pero en el recuerdo me vuelves desnuda y volcada, nuestro planeta más preciso fue esa cama donde lentas, imperiosas geografías iban naciendo de nuestros viajes, de tanto desembarco amable o resistido de embajadas con cestos de frutas o agazapados flecheros, y cada pozo, cada río, cada colina y cada llano los hallamos en noches extenuantes, entre oscuros parlamentos de aliados o enemigos. ¡Oh viajera de ti misma, máquina de olvido! Y entonces me paso la mano por la cara con un gesto distraído y el perfume del tabaco en mis dedos te trae otra vez para arrancarme a este presente acostumbrado, te proyecta antílope en la pantalla de ese lecho donde vivimos las interminables rutas de un efímero encuentro.
Yo aprendía contigo lenguajes paralelos: el de esa geometría de tu cuerpo que me llenaba la boca y las manos de teoremas temblorosos, el de tu hablar diferente, tu lengua insular que tantas veces me confundía. Con el perfume del tabaco vuelve ahora un recuerdo preciso que lo abarca todo en un instante que es como un vórtice, sé que dijiste ” Me da pena, y yo no comprendí porque nada creía que pudiera apenarte en esa maraña de caricias que nos volvía ovillo blanco y negro, lenta danza en que el uno pesaba sobre el otro para luego dejarse invadir por la presión liviana de unos muslos, de unos brazos, rotando blandamente y desligándose hasta otra vez ovillarse y repetir las caída desde lo alto o lo hondo, jinete o potro arquero o gacela, hipogrifos afrontados, delfines en mitad del salto. Entonces aprendí que la pena en tu boca era otro nombre del pudor y la vergüenza, y que no te decidías a mi nueva sed que ya tanto habías saciado, que me rechazabas suplicando con esa manera de esconder los ojos, de apoyar el mentón en la garganta para no dejarme en la boca más que el negro nido de tu pelo.

Dijiste “Me da pena, sabes”, y volcada de espaldas me miraste con ojos y senos, con labios que trazaban una flor de lentos pétalos. Tuve que doblarte los brazos, murmurar un último deseo con el correr de las manos por las más dulces colinas, sintiendo como poco a poco cedías y te echabas de lado hasta rendir el sedoso muro de tu espalda donde un menudo omóplato tenía algo de ala de ángel mancillado. Te daba pena, y de esa pena iba a nacer el perfume que ahora me devuelve a tu vergüenza antes de que otro acorde, el último, nos alzara en una misma estremecida réplica. Sé que cerré los ojos, que lamí la sal de tu piel, que descendí volcándote hasta sentir tus riñones como el estrechamiento de la jarra donde se apoyan las manos con el ritmo de la ofrenda; en algún momento llegué a perderme en el pasaje hurtado y prieto que se llegaba al goce de mis labios mientras desde tan allá, desde tu país de arriba y lejos, murmuraba tu pena una última defensa abandonada.

Con el perfume del tabaco rubio en los dedos asciende otra vez el balbuceo, el temblor de ese oscuro encuentro, sé que una boca buscó la oculta boca estremecida, el labio único ciñéndose a su miedo, el ardiente contorno rosa y bronce que te libraba a mi más extremo viaje. Y como ocurre siempre, no sentí en ese delirio lo que ahora me trae el recuerdo desde un vago aroma de tabaco, pero esa musgosa fragancia, esa canela de sombra hizo su camino secreto a partir del olvido necesario e instantáneo, indecible juego de la carne oculta a la conciencia lo que mueve las más densas, implacables máquinas del fuego. No eras sabor ni olor, tu más escondido país se daba como imagen y contacto, y sólo hoy unos dedos casualmente manchados de tabaco me devuelven el instante en que me enderecé sobre ti para lentamente reclamar las llaves de pasaje, forzar el dulce trecho donde tu pena tejía las últimas defensas ahora que con la boca hundida en la almohada sollozabas una súplica de oscura aquiescencia, de derramado pelo. Más tarde comprendiste y no hubo pena, me cediste la ciudad de tu más profunda piel desde tanto horizonte diferente, después de fabulosas máquinas de sitio y parlamentos y batallas. En esta vaga vainilla de tabaco que hoy me mancha los dedos se despierta la noche en que tuviste tu primera, tu última pena. Cierro los ojos y aspiro en el pasado ese perfume de tu carne más secreta, quisiera no abrirlos a este ahora donde leo y fumo y todavía creo estar viviendo.

El vino del estío. Ray Bradbury

Era una madrugada tranquila. La oscuridad cubría el pueblo y se estaba bien en cama. El verano henchía el aire, el viento soplaba adecuadamente, el aliento del mundo era largo, tibio y lento. Bastaba levantarse y asomarse a la ventana para saber que éste era
realmente el tiempo primero de la libertad y la vida, que ésta era la madrugada primera del estío. Douglas Spaulding, de doce años, abrió los ojos y dejó que el verano lo meciera perezosamente en su corriente nocturna. Acostado, sintió que cabalgaba en los elevados
vientos de junio, con el alto poder que le daba el cuarto abovedado de un tercer piso, en el edificio mayor del pueblo. De noche, cuando los árboles eran una única ola, lanzaba su mirada, como la luz de un faro, sobre enjambres de olmos y robles y arces. Ahora…
— Oh… –susurró Douglas.

Texto completo:

Bradbury, Ray – El Vino Del Estio

ALGARABÍA: cómo hacer video desde una revista impresa

PECAR COMO DIOS MANDA. ENTREVISTA CON EUGENIO AGUIRRE

  • Monday, August 16, 2010, 18:44

La obra documenta la vida erótica cotidiana de los pueblos originarios de Mesoamérica, que “eran cachondos, voluptuosos; no se andaban con tapujos. Ejercían su sexualidad con singular alegría”, dice el autor Eugenio Aguirre durante la entrevista. Foto: Carlos Cisneros.

¿Cómo era la sexualidad y el erotismo entre los pueblos mesoamericanos? Eugenio Aguirre responde esta pregunta en su libro más reciente, Pecar como dios manda, donde explora y expone con lenguaje accesible a los no iniciados, uno de los aspectos menos difundidos de las culturas originarias.

Desde una perspectiva contemporánea –dice el autor en entrevista– Sigue leyendo

EL SUEÑO DEL CELTA DE VARGAS LLOSA

Para ver la infografía completa, haga clic AQUÍ

Por Enrique Planas

Condenado a muerte por traición, sabotaje y espionaje contra la corona británica, Roger Casement sueña con la posibilidad de tomar un baño y vestir ropa limpia. Mira los muros de roca de la prisión londinense de Pentonville y recuerda su vida. En la prisión sobra tiempo para pensar.

Lo visitan el asistente de su abogado, su querida prima Gertrude, su amiga la escritora e historiadora Alice Stopford Green, y un sacerdote católico irlandés que le da fuerzas antes de la hora final. Todos le piden que confíe que la petición de clemencia firmada por personalidades como Sir Arthur Conan Doyle, William Butler Yeats o George Bernard Shaw ablandará el corazón del Rey. Pero Sir Roger sabe que el imperio no perdonará a uno de sus cónsules convertido en activo militante de la independencia irlandesa.

Así, con las tribulaciones de Roger Casement en Pentonville Prison se inicia la extraordinaria novela del Nobel Mario Vargas Llosa “El sueño del Celta” (Alfaguara), un libro que vuelve a fascinarnos no solo por la maestría Sigue leyendo

MIGUEL HERNÁNDEZ: CANCIÓN DEL ESPOSO SOLDADO

Miguel y Josefina

CANCIÓN DEL ESPOSO SOLDADO

He poblado tu vientre de amor y sementera,
ha prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y altos ojos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado,
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.

 

LOS RELÁMPAGOS DE AGOSTO: JORGE IBARGUENGOITIA (1964)

Jorge Ibargüengoitia ( 1928-1983)

La primera novela que escribió Ibargüengoitia y que tituló Los relámpagos de agosto, está basada en hechos reales y conocidos, aunque los personajes son imaginarios; es el reverso humorístico de la novela de la Revolución. Dejando de lado el realismo cruento, las vivencias dolorosas, la emoción directa y el dato histórico preciso, lo que predomina aquí es una esencia satírica y quemante. La narración, presentada en la forma de “memorias” de un general revolucionario caído en desgracia y situado siempre en circunstancias mordazmente cómicas, mantiene de principio a fin el tono de la parodia y del absurdo burlón, cualidades que arrastran sin tropiezo al lector desde el primer párrafo. Escrita en 1963, esta novela ganó el premio de novela Casa de las

Américas en 1964 y en la actualidad está traducida a varios idiomas. Se trata de un libro cuya finalidad es divertir, y que responde a “la necesidad de mirar el pasado con ojos nuevos”, según Italo Calvino.
Prólogo

“Manejo la espada con más destreza que la pluma, lo sé; lo reconozco. Nunca me hubiera atrevido a escribir estas Memorias si no fuera porque he sido vilipendiado, vituperado y condenado al ostracismo, y menos a intitularlas Los relámpagos de agosto (título que me parece verdaderamente soez). El único responsable del libro y del título es Jorge Ibargüengoitia, un individuo que se dice escritor mexicano. Sirva, sin embargo, el cartapacio que esto prologa, para deshacer algunos malentendidos, confundir a algunos calumniadores, y poner los puntos sobre las íes sobre lo que piensan de mí los que hayan leído las Memorias del Gordo Artajo, las declaraciones que hizo al Heraldo de Nuevo León el malagradecido de Germán Trenza, y sobre todo, la Nefasta Leyenda que acerca de la Revolución del 29 tejió, con lo que se dice ahora muy mala leche, el desgraciado de Vidal Sánchez.” General  José Guadalupe Arroyo

Libro en PDF: LOS RELÁMPAGOS DE AGOSTO

Tomado de:

http://scr.bi/dD581O

LAS DORADAS MANZANAS DEL SOL

…Y recoge hasta que el tiempo y los tiempos  

acaben las plateadas manzanas de la luna,

las doradas manzanas del sol.

W. B. Yeats

Bradbury, Ray – Las Doradas Manzanas Del Sol

Ray Bradbury nació el 22 de Agosto de 1920 en Waukegan, Illinois. Durante la Gran Depresión se trasladócon su familia a Los Angeles, donde se graduó en 1938 en Los Angeles High School.

El derecho de soñar. Eduardo Galeano

CAÍN/JOSÉ SARAMAGO

Primer capítulo de Caín, nueva novela de José Sarmago(*)

CAIN SARAMAGO

Cuando el señor, también conocido como dios, se dio cuenta de que a adán y eva, perfectos en todo lo que se mostraba a la vista, no les salía ni una palabra de la boca ni emitían un simple sonido, por primario quefuera, no tuvo otro remedio que irritarse consigo mismo,ya que no había nadie más en el jardín del edén a quien responsabilizar de la gravísima falta, mientras que los otros animales, producto todos ellos, así como los dos humanos, del hágase divino, unos a través de mugidos y rugidos, otros con gruñidos, graznidos, silbos y cacareos, disfrutaban ya de voz propia. En un acceso de ira, sorprendente en quien todo lo podría solucionar con otro rápido fíat, corrió hacia la pareja y, a uno y luego al otro, sin contemplaciones, sin medias tintas, les metió la lengua garganta adentro. En los escritos en los que, a lo largo de los tiempos, se han ido consignando de forma más o menos fortuita los acontecimientos de esas remotas épocas, tanto los de posible certificación canónica futura como los que eran fruto de imaginaciones apócrifas e irremediablemente heréticas, no se aclara la duda de a qué lengua se refería, si al músculo flexible y húmedo que se mueve y remueve en la cavidad bucal y a veces fuera, o al habla, también llamado idioma, del que el señor lamentablemente se había olvidado y que ignoramos cuál era, dado que no quedó el menor vestigio, ni tan siquiera un corazón grabado en la corteza de un árbol con una leyenda sentimental, algo tipo te amo, eva. Como una cosa, en principio, no va sin la otra, es probable que otro objetivo del violento empellón que el señor les dio a las mudas lenguas de sus retoños fuese ponerlas en contacto con las interioridades más profundas del ser corporal, las llamadas incomodidades del ser, para que, en el porvenir, y con algún conocimiento de causa, se pudiera hablar de su oscura y Sigue leyendo