Rameras y esposas. Antonio Escohotado

rameras y esposas“Los ensayos manejan ideas, las novelas personajes. Los mitos describen ánimos, sentimientos recurrentes de la vida. En contraste con prosas que prescinden de imágenes y música, el discurso mítico cuenta nuestra historia desde la historia de otros, con un procedimiento parecido al juego de las muñecas rusas. Propio y ajeno, dentro y fuera, ayer y mañana pierden su recíproca extrañeza: lo particular de cada caso expresa también algo constante y general.” […]

“La diosa más venerada en origen no es una madre, sino quien promueve y funda el ayuntamiento, un símbolo de voluptuosidad […] por donde iba pasando crecía la hierba, y el orden cósmico atribuyó a su persona el cuidado de los susurros, la risa y las chanzas. Era así Afrodita Pandemos patrona de toda relación sexual, al mismo tiempo que Afrodita Urania, hija del propio Cielo, patrona del más puro conocimiento; no en vano decimos aún que los amante se «conocen» al copular. […] Cuando se trata de civilizar a un salvaje…prescinden de pedagogos y actores: envían a una cortesana para que «venza al hombre con su poder». Así le acontece a Ekindu, rival y luego amigo de Gilgamesh, que vivía obstinadamente unido a lo inculto hasta «yacer seis días y siete noches con una hieródula». Al igual que en la posterior historia semítica de la manzana y Eva, la mujer liquida el estado de naturaleza”. […]

“Conviene tomar en cuenta un párrafo de Herodoto sobre la Babilonia del siglo V a.C. unos mil quinientos años después de redactarse la epopeya de Gilgamesh: «Toda mujer Babilonia debe sentarse una vez en su vida en el templo de la diosa, y entregarse a un desconocido. Muchas hay orgullosas de su riqueza, que desdeñan mezclarse con el rango inferior, pero acuden al templo con carruaje cubierto, escoltadas por multitud de sirvientes. Con todo, la mayoría actúa como sigue: se sientan en el recinto sagrado, ceñida su cabeza por una cinta; un gran número hay ahí, entrando unas y saliendo otras. Dejan entre ellas pasillos rectos, que los hombres escogen antes de elegir. Una vez que la mujer está allí, no regresa a su casa antes que un desconocido haya lanzado sobre su regazo una moneda y copulado con ella. Al lanzar la moneda debe decir: “invoco para ti a la diosa Mylita” Es el nombre que los Asirios dan a la diosa Afrodita. Por mediocre que sea su obsequio, la mujer no debe rechazarlo, pues ese dinero es sagrado. Sigue al primero que la solicita; no desdeña a ninguno. Y una vez ah tenido relaciones, habiendo cumplido con la diosa, se retira a su casa; y desde entonces no se entregará a ti por grande que sea la suma que ofrezcas. Las bellas y de digno porte no tardan en hallar hombre.Las peor hechas esperan largo tiempo hasta poder cumplir la ley. Algunas han llegado a permanecer en el templo tres o cuatro años. Hay en Chipre una costumbre parecida a esta.»” […]

“Perder su virginidad vaginal —indigna y ominosa tras haber alcanzado la pubertad— revirginiza a un nivel más alto, identificando con la diosa que representa el crecimiento en sí, la potencia del amor. De ahí que tras esa ceremonia algunas decidieran consagrarse como hieródulas, mientras otras sencillamente volvían a su previo círculo relacional, preparadas ahora para contraer matrimonio o vivir célibes. Las primeras formaban castas prácticamente idénticas a las órdenes religiosas cristianas, viviendo en conventos como los suyos, aunque su deber fuese el negativo de la castidad. Sabemos también que ser admitidas en esos cuerpos abría el camino a matrimonios siempre ventajosos, no pocas veces con príncipes y reyes; un ejemplo es Filipo de Macedonia, padre de Alejandro Magno, que se desposó con la hieródula Olimpia, famosa por celebrar «a la antigua» los misterios dionisíacos.”

“Todavía hoy algunos pueblos exigen que cualquier muchacha pierda el himen al hacerse púber, prescribiendo que no podrá contraer nupcias en otro caso. Variascomunidades de la India siguen manteniendo la tradición de que las doncellas acudan al templo y esperen ahí la llegada de un desconocido dispuesto a poseerlas; cuando eso no sucede, sus propias madres  buscan a algún extranjero, incluso pagando el servicio, y caso de no haberlo la desfloración se produce con el falo de alguna estatua de Shiva. Lo notable es que sólo después de perder el himen merece la muchacha el nombre de virgen, pura y santa (devedasi) , tal como en Uruk y Babilonia sólo era virgen, pura y santa (ishtaritu) la hieródula.” […]

“El mito sobre los orígenes de matrimonio remite al momento donde cesa por decreto la prostitución ritual […] Rompiendo la tradición que consideraba impío el himen de cualquier mujer púber, desde ese momento el himen intacto pasó a ser parte esencial del patrimonio aportado por la casadera; la virginidad ya no sería objeto de una venta alegórica, sino mercancía propiamente dicha.” […]

“Hasta que punto el mundo grecorromano difiere del nuestro lo indica la proporción de dulas («siervas del amor») y matronas. Si hay actualmente una prostituta por cada cien o mil esposas e hijas casaderas, en Grecia y Roma había muchas más esclavas, prostitutas laicas, prostitutas sagradas y cortesanas que casadas.”[…]

“La ramera actual es un vástago de leyes represivas que tras haber introyectado alguna variante de ideología puritana se conduce como un ser frígido, llamado a practicar su oficio exclusivamente por necesidad. la hipocresía del derecho vigente hace que deba de ser «protegida» por proxenetas —casi siempre personal de las brigadas antivicio, o colaboradores directos suyos— cuyo ofiio es enseñar a la mujer esa disposición y mantenerla en ella, si preciso fuera golpeándola o hasta matándola para dar ejemplo, con lo cual su pupila adopta una actitud más castradora que amistosa hacia el cliente; de hecho, representa la moral en el seno mismo de su opuesto, pues hace lo prohibido con tal desgana, prisa y avidez monetaria que quienes recurren a ella son premiados con altas dosis de humillación. No era ese el trato ni la disposición de la ramera antigua, como tampoco es el de la geisha.”

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