“Lo bueno del sexo es que es gratis. ¿Por qué se paga?”

MÓNICA CEBERIO BELAZA 12/12/2009

El Pais 12 de diciembre de 2009

Emma Thompson baja a la cafetería del hotel con el pelo electrizado. Son las ocho de la mañana o’clock y tiene una ristra de entrevistas por delante. De las de cuarto de hora por periodista, uno tras otro desfilando por delante preguntando lo mismo. Es un viaje relámpago. Como en algún momento tiene que desayunar, conseguimos un poquito más de tiempo para esta charla. La actriz británica, perfecta profesional de la comunicación, aparece sonriente, encantadora, y esforzándose por hablar un poco de español.

No está en Madrid para promocionar ninguna película sino para traer a la ciudad, gracias a la Fundación HelenBamber y el Ministerio de Igualdad, una exposición contra la trata de mujeres que ha visitado ya Londres, Viena y Nueva York: Journey. Un proyecto ideado por la actriz, de 50 años, que muestra a través de siete vagones con olores y sonidos el viaje funesto de una joven que salió de Moldavia hacia Reino Unido con 19 años para acabar siendo explotada sexualmente y vendida en Londres por 500 libras.

Como los minutos escasean, el desayuno está ya servido cuando llega la actriz: zumo de naranja, café, leche y bollos variados. “Yo no como esas cosas”, dice muy educadamente. Pide un esprèsso y fruta fresca. Con un plato de melón y piña delante, empieza a hablar de inmediato. Tampoco quiere perder el tiempo.

“Como artista me dedico a contar historias, a comunicar emociones”, explica. “En ese ámbito es donde puedo aportar algo y ése es el sentido de la exposición. Cuando conocí a Elena, la protagonista de la historia de Journey, una de las cosas que me dijo fue: ‘Quiero que todo el mundo sepa durante cinco jodidos minutos lo que he sentido, lo que se siente’. Eso es lo que hemos pretendido. Que la gente se meta en su piel y no la juzgue; que las víctimas puedan dejar de sentir vergüenza”.

Es una activa militante. A través de una de las múltiples organizaciones de derechos humanos con las que colabora conoció -y adoptó hace seis años- a un ex niño soldado, un chico ruandés de 16 años que había perdido a su familia en 1994. Y a través de la Fundación HelenBamber, dedicada a combatir las consecuencias psicológicas de la tortura, los campos de concentración o el tráfico de seres humanos, llegó a Elena.

La actriz usa sus dotes de extraordinaria oradora para hacer más efectiva su denuncia social. “No puedo ni empezar a describir mi rabia”, dice gesticulando. “Estas situaciones no son aceptables en el siglo XXI. Es necesario que la gente entienda lo que está pasando y que después piense qué se puede hacer. Yo pasaba cada día por el salón de masajes donde trabajaba Elena. Ella ni sabía lo que era un condón cuando tuvo su primer cliente. No hablaba inglés. Nunca había visto a un hombre desnudo ¿No le pareció raro a él? ¿No pensó que quizá la chica no era libre? Pagar por acostarse con una víctima de trata es como cometer una violación. Los clientes deben, al menos, estar alerta”.

La actriz pide a los Gobiernos, como primer paso, un estudio sobre hábitos sexuales. “Hace falta saber por qué pasan las cosas. Lo bueno del sexo es que es gratis. ¿Por qué tantos hombres pagan?”. El tiempo pactado pasa rápido y otra periodista espera. Hay que marcharse. “No dejes de hablar con el psiquiatra de la fundación”, se despide. “Él te seguirá contando. Sabe mucho más que yo”.

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