Historia de Venecia, de John Julius Norwich

Mil años de serena oligarquía
La editorial Almed publica en España la afamada ‘Historia de Venecia’, de John Julius Norwich
CATALINA SERRA – Barcelona – 08/11/2004

En este mundo hay cosas incomprensibles, maravillosas, casi milagrosas. Una de ellas es Venecia. ¿Cómo pudo existir esta bella ciudad creada sobre las insalubres aguas de una laguna? ¿Cómo resistió más de mil años como república independiente? ¿Cómo pudo ser tan poderosa? Abundan las guías y también las leyendas, pero una de las historias más fascinantes y documentadas sobre la Serenísima República -nombre que recibía el Gobierno veneciano- la escribió a principios de la década de 1980 el historiador británico John Julius Norwich (1929), gran especialista de la ciudad de la laguna, y finalmente la editorial granadina Almed ha recuperado Historia de Venecia para el lector castellano con una cuidada traducción de Gian Castelli.

“He amado Venecia desde que la visité por primera vez a los 16 años”, indica, por correo electrónico, John Julius Norwich. Fueron pocas horas, pero suficientes para sucumbir al encanto de los canales, puentes y plazoletas que constituyen uno de los mayores encantos de una ciudad en la que, indica, “el todo es mayor que la suma de las partes”. La buena fama de la ciudad, sin embargo, es casi inversamente proporcional a la opinión que el resto de europeos han tenido de sus habitantes a lo largo de su historia. Ricos y poderosos, sus privilegios mercantiles provocaban la envidia y el rencor, al tiempo que su poderío naval les hizo imprescindibles para casi todos los gobernantes que pretendían dominar el Mediterráneo.

Norwich, en cambio, heredó de su padre, el político y diplomático Duff Cooper, además del título de lord y vizconde de Norwich, una gran admiración por el sistema de gobierno veneciano -una oligarquía en la que mandaban los ricos con una aversión profunda desde sus inicios a los protagonismos excesivos- que consideraba de los más justos que habían existido en la historia. “Mi padre quiso escribir esta historia toda la vida, pero no lo consiguió”, indica Norwich, que se animó a tomar el relevo porque en su opinión no existía ninguna historia completa y actualizada de la ciudad desde su fundación en el siglo V -cuando se refugiaron en las pequeñas islas de la laguna los fugitivos que huían de las invasiones de godos y hunos- hasta 1797, cuando Napoleón acabó con la república.

“¿Por qué admiro tanto este sistema de gobierno? Basta ver el resultado. ¿En qué otro estado ha habido un sistema que durara 1.000 años y los 500 últimos sin cambios en su constitución? Su principal característica es que era una oligarquía local que puede considerarse liberal comparada con las casi dictaduras que existían en Italia durante la mayor parte de este periodo”, afirma Norwich, que en el libro insiste en la característica de que en Venecia es difícil encontrar a políticos famosos al estilo de los Sforza, Visconti o Medici. Allí, afirma, los nombres propios están asociados más a los palacios o las obras de arte que a los personajes. No cree que en sí mismo este sistema de gobierno explique la belleza de la ciudad, “excepto en el sentido de que impulsa un gran espíritu público; la gente pone a la ciudad por encima de ellos mismos”.

Historia de Venecia es un libro denso -779 páginas en las que, por ejemplo, aparecen reseñados el más de un centenar de dogos (principal magistrado) que tuvo la república-, pero está plagado de acontecimientos y anécdotas históricas que Norwich no sólo narra con maestría, sino que comenta con impagables disquisiciones sobre la mayor o menor validez de las fuentes a su alcance. De arte y arquitectura habla poco, lo justo para situar al lector cuando así lo permite la historia, pero todo el libro trasluce esta fascinación por el urbanismo de una ciudad sobre la que ha escrito otros libros, el último Paradise of Cities (Penguin), sobre los visitantes que tuvo Venecia en el siglo XIX, prólogo del actual turismo de masas que la asola. “Es triste ver cómo la población se ve forzada a vivir fuera empujada por las hordas de turismo que en cierta manera están arruinando la ciudad, pero de todas formas hay motivo de alegría porque la belleza de Venecia sigue estando ahí”.

El País

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