CUENTO

Dedicado a mis amigos y compañeros ex presos políticos de la cárcel de Antofagasta, Chile.  Estén, donde estén y hagan lo que hagan.

Jorge Trujillo Espinoza

Puebla, México, Septiembre 11 de 2009585084966_00dc8e1064

La Ola.

¡Mira que grande viene esa!

Grita uno de los amigos que me acompañan mientras nos aferramos de las rocas. Yo contemplo con tranquilidad, pero lleno de emoción por dentro y espero la llegada de la siguiente ola que se nos viene encima, como abriendo una gran boca y luego sonriendo, pareciera que tenía vida propia y le agradaba aquel juego.

La Ola sigue avanzando y en la medida que esto sucede crece aún más, se ve imponente, de pronto choca y cae sobre nosotros con tanta fuerza que arrastra nuestros pequeños cuerpos  con ella, nadamos con dificultad de regreso a las rocas y esta vez logramos alcanzar el viejo riel incrustado allí desde quien sabe cuando para servir de base a no sé qué.

Atrás, a cierta distancia se escuchan gritos.  Otros muchachos van llegando para incorporarse a nuestro juego.

Mis codos y rodillas, mi cuerpo entero me duele mucho, consecuencia de los golpes contra las rocas, pero no sé, si por diversión o por cansancio, me quedo allí, aguardando una y otra vez que llegue una nueva ola, que avance rápidamente contra nosotros, reviente estrepitosamente contra las rocas y sacuda mi cuerpo con su cálida turbulencia.

¡Allí viene!, alguien alcanza a exclamar y el agrito es apagado por un ruido ensordecedor, siento el golpe de la ola contra mi espalda y relajo mi cuerpo en espera de la caricia marina.

Pero… ¿qué pasa? siento mucho frío, mi corazón comienza a golpear mi pecho como queriendo salirse y escapar de mi,  mi cuerpo se estremece, siento la piel pegajosa…  ¿y el mar?…  ¿y la ola?… ¿y esta sangre?…  me duelen mis piernas, mis brazos… ¿y las rocas?….

¡Levántate cocha de tu madre, hasta cuando te vamos a esperar!

Me grita un soldado desde la puerta de la celda con un balde en la mano.

¡Arrodíllate, de espalda a la puerta!

Se acerca, me pone una venda en los ojos, me empuja,  mientras ordena a gritos…. Vamos, camina.  Aquí está la escalera, cuidado huevón, exclama mientras me golpea con algo metálico.

Ahora a la izquierda, ¡Claro, ésa te gusta, verdad concha de tu madre! Vamos avanza, que te están esperando arriba  huevón…. parece, que quedaron pendientes…. algunas preguntitas…

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