RUMBO AL DESEMPLEO

La Jornada de Oriente, 29 de marzo de 2006. Sección: Economía a Retazos

Miguel Ángel Burgos Gómez

La otra vez estaba yo comprando viandas en el “super” cuando me encontré a una de mis más brillantes alumnas que, por cierto, está terminando su tesis para titularse de historiadora. Estaba parada en un pasillo tratando de convencer a los clientes de comprar un detergente líquido de marca extranjera. Al otro día entré a “ocso” por una botella de agua, de esa que dicen que se está acabando para que paguemos más y en la caja estaba otro pasante de la carrera cobrando las mercancías. Esos jóvenes tienen suerte: encontraron un empleo. Alguien puede decir que esa situación es pasajera, tienen razón: podrían perder aún ese puesto. Otros dirán: “quien les manda estudiar eso, hubieran estudiado gastronomía o para ingenieros”. No estoy de acuerdo. En Europa desde hace 20 años viene emergiendo una discusión en serio sobre este asunto del empleo y cada vez más se asume que nos dirigimos a una sociedad con una oferta decreciente de puestos de trabajo. En 1992 en Sevilla se reunieron en un encuentro sobre El Futuro del Trabajo más de una docena de científicos sociales de la talla de Adam Schaff, Andre Gorz y Manuel Castells. Las conclusiones coincidieron: el vertiginoso crecimiento de la productividad del trabajo conduce inevitablemente a aumentar el desempleo. El domingo pasado, además de la muerte de Rocío Durcal, me impresionó la noticia de la movilización de millones de indocumentados en los Estados Unidos. Todos ellos han huido del desempleo en sus países de origen y sabemos que la mayoría de esos millones son mexicanos. Sabemos también que muchos de ellos son graduados universitarios, incluidos unos cuantos que fueron mis alumnos. Hasta cuando aguantará la demanda de trabajos ese país es algo que debiera ya estar discutiéndose con alarma, a la luz de los incendios de Paris. Los políticos nos quieren vender la idea de que el problema del desempleo se resuelve con las “reformas estructurales” y la inversión. No quiero aquí tomar partido, pero hay de dos sopas: o vivimos una crisis pasajera y volverá a haber buenos empleos para la mayoría, o la sociedad se dirige al fin de la era del empleo. Este dilema atañe a todos, pero cualquier liderazgo honesto y responsable debería –al menos- reconocerlo explícitamente y más tratándose de instituciones e individuos dedicados a educar y a las ciencias, pues casi todos los aspectos de la vida cotidiana se organizan en torno a los requerimientos del empleo o de la escuela que nos prepara para el empleo: la vivienda, la comida, el transporte, el vestido, la salud y hasta el amor y la amistad. La universidad no tiene rumbo si no encabeza institucionalmente este debate que deberá hacerse con argumentos científicos y académicos sólidos y comprensibles. No me refiero sólo la BUAP, que dicen que es la tercera mejor del país, sino a todas, públicas y privadas, principalmente la UNAM que dicen que está entre las 100 mejores del mundo. Ahí queremos ver la excelencia.

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