Educación a distancia

Miguel Ángel Burgos

Mayo de 2005

estudiantes.jpgCon este título no me refiero a ese negocio que utiliza la red y pretende ser la alternativa para educar sin profesores, en donde el ideal es tener instalaciones, maquinas que “enseñan”, funcionarios y una caja automática de pagos. No por ahora. Hablo de la enorme distancia entre lo que piensan los docentes universitarios de su actividad y lo que avizoran sus estudiantes en su futuro inmediato: el problema del empleo. Por lo general los profesores son inteligentes y estudiosos, pero están convencidos de que sus alumnos se colocarán en el mercado si atienden a sus enseñanzas y consejos. Rara vez reflexionamos con ellos sobre las tendencias en el empleo y sus causas profundas.

Los “evaluadores” –privados por cierto- llegan a las universidades públicas preguntando cuantas computadoras hay por estudiante y dan medallas a los que tienen más artefactos, sin importarles si se usan o no. Al mismo tiempo esa tecnología cibernética se aplica en todo el mundo a otras máquinas en el aparato productivo para desplazar diariamente a miles de personas de sus empleos. La automatización invade todos los campos de la práctica social. No sólo la industria, también el comercio y los servicios, incluido el educativo y hasta el político. Si compras una franquicia, te habrán de decir como se va a llamar “tu” negocio, de que color se pinta, quienes son los proveedores y hasta cual debe ser la apariencia de los empleados. Modelos científicamente probados. No hay más.

En un mundo así, a las instituciones de educación pública y a sus profesores también se les imponen “franquicias”, es decir modelos “científicamente” probados  por círculos de expertos, en otros países y con otra población: ajustarse a esos “estándares” o perecer. Tantas computadoras, tantos doctores, tantos titulados. Los empleadores –cada vez más escasos- exigen profesionales “competitivos”, es decir, capaces y ansiosos de destrozarse unos a otros por el salario que sea. Esto último no requiere ninguna asignatura especial: basta con que los estudiantes observen como se comportan sus profesores entre si.

Fotografía: Miguel Ángel Burgos

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